Sublime Madrid
este invierno,
sublime la cafetera del óxido
de mi renuncia,
de mi cocina.
Es una carga leve,
un aleteo de estiércol
que nutre mi insignificancia.
Me la he ganado,
como estas paredes.
Duermo en un nicho feliz.
Al que le tiente el venir,
le ruego
que se aleje.



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