La verdad,
una alfombra extendida,
un contratiempo,
la fiebre turbia
que me usurpa las grutas a la sangre.
No soy.
Es sencillo.
Ni el mástil
ni el hilo
ni la sábana.
Creí ser pero no soy.
Ni tu puerto
ni tu mito
ni tu escarnio.
Confié en la palabra
igual que el creyente en el versículo
y me falló
como a todos los hombres.



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