Me han traído hasta aquí
un tren corto,
una acera tendida de gris militante,
mis pies llagados
y cierto grado de domingo,
de mansedumbre.
Ahora que estoy en casa,
siendo de plomo,
siendo denso sobre el sillón,
miro más lejos.
Me han traído hasta aquí
una huída,
el amable don de la cobardía,
un par de libros malsonantes,
un pueblo baldío,
una tarde.
Carezco del ajuar de un héroe, despertar
me cuesta un infierno
que siempre es el mismo,
recurrente
como ha de ser el sabor del azufre.
Ahora,
encenderé un pitillo,
me dejaré llevar
por el sopor de la televisión como sonido
y esperaré el sueño en ayunas,
con ese pálido hueco en el estómago,
inadmisible
como ha de ser cualquier sicario del olvido.



0 comentarios:
Publicar un comentario