Nada ocupa más que un instante,
un mínimo intervalo,
un azote eléctrico.
Siento vértigo.
La altura es la corrupción
de cada segundo.
No puedo sujetar el tiempo,
es un perro enorme,
negro,
de pelo fugaz,
que me arrastra.
No comprendo su insistencia,
su carrera terca hacia adelante,
como si no pudiera esperarle,
como si su presa
no fuera yo.



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