Atento.
La ciudad no emite ningún sonido.
La atenuación cardiaca,
una parálisis,
la recorre.
Escucha.
Es la vigilia alerta
del animal que duerme
bajo el carbón,
se intuye
un latido ralentizado
en esta calle escuálida.
Si fumas en el balcón
exhala tranquilo,
no vayas a despertarla.



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