martes, 29 de diciembre de 2015

Moebius

Primera mañana de vacaciones.

Navidad.

Tirado en la cama,
escribo
mientras se resuelven crímenes en la sexta
y la gata
se lame la cabellera
sentada a mi lado en el colchón.

La tristeza
es el terciopelo rojo
con el que fabrican
los telones de entreacto.

Y yo
que la primera vez 
que vi aquel dibujo en el que Escher
representó la banda de Moebius,

sentí lástima

por las hormigas.

Lluis Llach

El veintiuno de mayo
hizo treinta y ocho años
que la flaca dedicó el dorso
de un vinilo de Lluis Llach.

Uno de ésos de a treinta y tres
que ahora venden a dos euros
a la salida de un parking de Madrid.

El veintiséis de diciembre,
casi cuarenta años después,
sin saber si la flaca pisa aceras
todavía,
la chica que separa las aguas de esta ciudad
cuando camina,
las manos
que deberíais venerar como el maná
y yo no puedo querer como merecen,
me regalaron una parte de la historia.

Vosotros,
mientras tanto,
discutíais las fronteras de la patria.

Me dais

una pena

insoportable.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Mi querido LG

Hablo con el robot
que barre el suelo de mi casa.

Le pido que no olvide las esquinas.

Ya me parecía triste
conversar con la gata
o dejarle la luz encendida
cuando voy a regresar tarde.

Ahora 
he pasado a interactuar verbalmente
con un electrodoméstico.

Al menos es rojo

y se dedica a recoger mi mierda.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Mensaje sonetil a los sonetos

¡Sonetos! Me dais bastante por culo,
tanta rima, endecasílabo, acento,
los versos rectos me vuelven violento,
por el bien del entorno disimulo.

En cuanto intento escribiros pendulo,
poeta de mierda, tinta y cemento,
no encuentro el puto, glorioso, momento
para esconderme en mi maldito zulo.

Pero si Lope rimaba en participio
como vil rapero en su rapeando
rimaré en gerundio y en principio,

que este pobre servidor se anda hartando,
aquí os deja su intento como ripio
y a vosotros, majos... os vayan dando.





Soneto parnasiano a los miércoles con jam

Me vengo al Aleatorio Dios mediante,
cuna del braguetismo consumado,
me traigo la sonrisa por delante
y un par de lanzas, por si los costados.

Soportaré, quizá, tanta cultura,
con un par de vinitos, buen Ribera,
alcanzaré mi honrosa sepultura
esta noche o un miércoles cualquiera.

Ejércitos de sexos viperinos
pasan por la puerta en su letargo,
de madrugada van bastante finos,

Malasaña se los comerá de largo
y nosotros, deslenguados clandestinos,
destripándonos cada polvo amargo.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Superhéroes.

"Eres Batman".

Me lo dijiste
delante de un plato de lasaña,
en el italiano de la calle del Príncipe,
mientras yo te contaba
lo que ahora me hace respirar 
cuando salgo del curro cada día.

Sonreías como nunca,
pero yo
tenía mis dudas
de que el tipo de la capa y el cinturón de obra
necesitase dos tequilas
para partirse la cara con el crimen.

Supongo que te confundió 
que el día en que nos conocimos
yo llevase aquella camiseta de la Liga de la Justicia.

Habías estado repasando mis poemas.

Tus poemas.

Poco después,
mi nuevo editor,
en borrachera compartida,
descojonándose ante mi fracaso evidente
en la sin par tarea de desnudar a una tal Irene,
me espetó...

"Tu jodida voz
baja una cuarta delante del micro
y cuando tratas de follarte a una mujer...

¡Eres el puto Batman!"

Solté una carcajada.

Me pareció un buen homenaje.

Tú habías vuelto a desaparecer
tras romperme las costillas 
con ese martillo tuyo y un puñado de besos.

Y pensé
que si yo fuera el puto Christian Bale
nunca te hubieras marchado.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Hic sunt dracones

Durante el medievo
se convirtió en costumbre
advertir a los viajeros,
en los mapas,
del comienzo de los territorios inexplorados
y de sus peligros
utilizando una indicación en latín:

"Hic sunt dracones."

Hoy es once de diciembre de dos mil quince,
mi padre cumple sesenta y cinco años,
yo tengo treinta y ocho,
cinco meses
y nueve días.

Ya está.

Aquí hay dragones.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Un error bastante repetido

Si me arrancaseis el corazón
y lo pusieseis sobre una bandeja metálica,
de ésas de cirujano,
podríais observar
un amasijo de tejido muscular 
junto a algunos tipos más de tejido orgánico.

Lo que yo llamo amor,
o condena,
o motivo,
se encuentra,
exactamente,
a 243 centímetros del duodeno,

es decir,

según los últimos estudios,
mucho más cerca
de las letrinas
que de las gargantas.

Afortunadamente.

Descendencia

Esta mañana,
mientras me esforzaba en dilucidar
si el vino
es un sustituto de la esperanza,
la madre 
de un antiguo compañero de colegio
ha entrado en la tienda.

Después de mentirme
acerca de lo bien que me veía,
como si yo viviera sin espejos,
y contarme 
lo gordo que está su hijo
por no sé qué lesión en el glúteo,
ha pasado al ataque.

"¿Y tú tienes niños?"

"No."

"Pero estás casado..."

"No."

Me ha mirado
con esa forma que tienen los abraza árboles
de mirar
a un perro apaleado.

He sentido lástima

por ella.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Siete de diciembre

Seis y cuarenta y dos.

Salgo a fumar un cigarrillo
a la puerta del trabajo.

Un frío inesperado 
me recorre la muñeca izquierda,

saco la mano del bolsillo,

la observo,

me doy cuenta de que yo,
amante de las esferas de los relojes desde niño,
hace ya más de dos años
que no llevo atado ninguno.

No existía motivo.

Hasta hoy.

Ahora sé que el tiempo
también se lleva los abrigos.

Sería por estar preparado.

Debería largarme.

Mañana.

Quizá.






viernes, 4 de diciembre de 2015

Nadie entra en campaña

Nadie,
ministro in pectore del interior 
de las tripas corruptas,
abominable defensor
de las resacas tras adiós,
se propone acotar las fronteras
de su alopecia mental,
gritándole a las amebas 
que caminan las aceras 
de este país sin igual.

Procede.

Aparece un tipo guapo
como de portarretrato,
apellidado Rivera,
y se me vuelve loca de impaciencia
la nerviosa concurrencia.

Pero no se dan ni cuenta
de que el naranja por bandera
nos puede joder la renta
a todos los perros flacos,
que no cuadran los harapos
con el IBEX 35,
que defiende con ahínco
semejante mentecato.

Ahora bien, 
y me repito,
el tipo es guapo.

Aunque no confiéis 
en que sean más de seis,
los meses de vuestros contratos.

Líbrennos las buenas urnas
de conocer la penumbra
que se esconde en la simiente
de este chaval,
con aires de chacal, 
postulado a presidente.

También anda el señor Sánchez
agitando su palmito,
paladín de esas izquierdas
que se vendieron cual cerdas
para parir cochinitos,
que se reunieron
con nocturnidad galopante
con esta gente ahora gobernante
para pagar nuestras deudas
antes que nuestro pan,
y eso, 
señores, 
es preferir, quizá,
que cunda un poquito el hambre.

Pero él dice defender
hospitales y colegios,
que luchará por nosotros,
que no quiere un pueblo necio
si no bien escayolado,
leído,
cultivado en sabias macetas,
pero no cuenta el galán,
elocuente pancartista,
que una turba inteligente
es la tumba socialista.

Ahora bien,
¿qué podemos decir hoy
del inefable Rajoy?
Quedan cortas las palabras
ante esa propuesta macabra,
de que siga en el sillón.
Nos ha costado un cojón
en prestaciones,
en matrículas, recetas,
en desvergüenza...
Ya casi somos ascetas,
porque trabajar... a ratos,
y sin un gramo de decencia.

Maquillada y antigua derechona,
amante voraz de este mercado
que asegura y calienta su poltrona.

Representante, tal cual,
de ese político triste
que en cuanto giras te embiste,
por el culo,
su reforma laboral,
y además,
quisiera hacerle a los manifestantes
lo que el otro gallego... ese bajito...
el de la voz de pito...

¡Sí, coño!...  El de antes.

Y al final,
con su barba y su coleta,
aparece el gran profeta anticaspa.

Aunque ya no habla de casta
y es una pena
la muerte de esa gran puesta en escena.

Sólo espero
que no le tiemblen los huevos,
porque lo parece,
y Nadie,
pertinaz defensor de la esperanza,
de las revoluciones,
confiaba en este enjuto Sancho Panza,
en su visión
de los que gritan ¡rebelión!

Pero, en lo más hondo, teme
que llegue la última hora,
se encasquille la pistola,
y nos venga lo que viene.

¡Votad, coño!










A secas

Hubiese sido vivir, 
a secas,
poner un par de metros
entre la sonrisa congelada del bisturí
y las jodidas muñecas.

Zurzir algún jirón desaliñado,
que ya no importase tanto
la vejez de las promesas
o madrugar un poco más
para ir al banco.

Despeinar con la mano la tristeza 
como a un niño rebelde
que la acaba de joder.

Hubiese sido resistir,
a secas,
como un ejército emboscado recibiendo provisiones
o un soldado
sufriendo alucinaciones de victoria
tras una masacre inesperada y radical 
de la memoria.

Qué gilipollez...

Hubiese sido dormir desarropando la cabeza
de una maldita vez.

Pero no lo fue.

Escuché el chasquido del tendón 
al romperse entre tus dientes,
el muy cabrón.

Y volvió a no haber fibras para sujetarse,

sólo una desesperada inflamación
en estas rodillas mías de chaval de descampado.

Hubiese sido vivir,
a secas,
como aquella inspiración
llenándole el pulmón 
en blanco y negro
al tercer hombre.

La resurrección de las certezas, 
tan esquivas,
que no importase el sudor ni la maleza
del camino cuesta arriba,
hubiese sido,
te aseguro,
un polvo majestuoso
y sin cortinas.

Pero no lo fue.

Fue un navajazo en los riñones,
sin provocación previa,
un uso obsceno del cariño 
sin mediar negociaciones... 

joder...

así no se acaba una guerra,
así se asesina y se entierra
por ausencia de decoro
y, sobre todo,

de cojones.














miércoles, 2 de diciembre de 2015

A las nínfulas sin seso, ahí va eso.

Luis Larraya,
desde su potencial barriga lórzica,
pornolingüística,
alejado del misticismo a diario,
aquejado de dolor
desde el ascazgo literario,
se permite proclamar, 

pontificando,

dos puntos,

queridas nínfulas probeta,
osáis en mil sueños dar cobijo,
como dueños del esperma 
que engendrará vuestros hijos
a unos cuantos poetas,
eso sí, 
enormemente prolijos,
que confunden miel y amor,
con la mierda de una abeja.

Podemos acusar al sistema educativo,
pero prometedme, por favor,
que si os los folláis,
usaréis preservativo.

No añadáis más sinsabor 
a este mundo triste y comediante,
pariendo retoños de impostor 
por lanzaros coño alante. 

Quizá,
si olvidaseis la pereza
y os diese por pensar,
calzaríais una mesa
con el pringoso volumen,
del que os hago un raudo y veloz resumen,

dos puntos,

"Te quiero con esmero,
te cohabito despacito,
soy tan tan libertario
que ni tengo diccionario."

Y así,

Luis Larraya,
desde su inmunda cloaca de libros por leer,
su baño para las ratas
si es menester,
se despide con una reverencia,
ante la ausente y hormonada concurrencia

y se da por satisfecho
ante este vómito maltrecho
y alejado, desde luego, de la utópica excelencia.

¡Bon appétit!







Autorretrato con abstracción

Voy a tratar de explicarlo...

Imagina un perro 
destripando bolsas de pronombres en el estercolero,
o un cadáver de litrona
con restos de baba y suero 
apestando a inmóvil y a rancio
junto a la fregona.

Una hoja de ruta,
un valiente hijo de puta...

No,

no es sólo eso.

Es la tecla que nunca escribe a la primera,
que necesita presión, 
es la línea discontinua 
que abre la puerta 
al lado opuesto de la carretera,

o una jodida infección.

Un ganglio tumefacto de recuerdos
que tendrían que estar muertos

pero convulsionan...

Llamad al maldito doctor,
para que extirpe 
este apéndice inútil de los relojes,

este...

proyecto de antropófago mental
que transforma la basura
en un préstamo de mierda con usura,
en una subespecie 
de orgasmo vaginal.

Y lo escupe,

lo supura,

lo cincela

en cada nueva sepultura 
de lo que pueda pasar.

En fin...

que son ya las doce y pico,
diciembre huele a fiambre,
me largo a saciar el hambre

y ni siquiera...

ni siquiera sé si me explico.




martes, 1 de diciembre de 2015

Indigestión hostil

Los enemigos de Nadie son,

dos puntos,

la gilipollez primigenia
que roza la pandemia,
¿dónde están las oenegés? 

Los versos adolescentes,
tuiterianos, 
feisbuqueros,
pudrementes,
enarbolados en vano 
por tipos de más de veinte...

¡Por el amor de dios!

Deberíais estar en la trena 
por homicidas
de mil tormentas de arena,
siete polvos de guijarro,
de cocina,
dos semáforos rojos

y de todos esos ojos que han llorado poscoito
e ignoráis 
por un puñado de grupis,
mis queridos profetas, 
mesías del mundo de las niñas probeta. 

En fin,
perdón por la pausa... continuemos el listado, 

Nadie siente incomodidad genital con,

dos puntos,

los galeones sin bucanero,
los galones sin pistolero,
los calcetines,
eminentemente tuyos,
que te me esconden los pies
de las tiritonas del invierno,
y por supuesto, 
con los taxis de retorno en solitario,
los bocados en el fondo del armario,
las llamadas sin respuesta a las cuevas del averno...

Pobre mártir de caretas de contrabando,
de hernias inguinales,
de impotencia mental ante todos los finales.

Pobre combatiente
de un solo insurgente civil,
odiante vocacional,
amante 
por vacaciones de algunas arritmias ajenas,
patriarca 
de un manojito de penas, que este enero se tatúa 
aquella cita de Petrarca.

Nadie tiene enemigos,
es cierto,
pero vamos a hilar fino, 

son sus putos intestinos.










jueves, 26 de noviembre de 2015

A los estimados (y pertinaces en su demencia) amigos de Nadie.

El atribulado Nadie
puede llegar a ser tóxico,
lanzando su bilis al aire
como un canto rodado y renal,
como un estúpido cólico.

Algunas mañanas invernales se despierta,
se va al curro sin querer
y con la bragueta abierta,
precavido,
para mearse en la primera esquina
de su inmunda mente dolorida

y sumergirla,

ahogarla,

en caliente, analgésica y humeante orina 
y qué mas quisiera que olvido.

Esas mañanas 
la delicada gente que se cruza es grotesca,
como las penitencias de El Bosco
o el amarillo de un puñado de costo,
como dos viejos a la gresca.

Y así,
nuestro querido Nadie
que tampoco es profeta en su tierra,
marcha calzado en mala hostia,
calando gorra y bayoneta,
a su crónica dolencia... 

a su interminable guerra.

¡Civil, por supuesto!

Tampoco es cuestión de asesinar al resto.

Los inevitables daños colaterales
van a ser los buenos días 
a todos esos sonrientes anormales
que se cruza en el ascensor.

El atribulado Nadie 
puede llegar a ser tóxico algunas de esas mañanas
de cuerpo y alma en frío y palangana,
no dejéis de quererle... 

por favor.



martes, 24 de noviembre de 2015

Fosa común

Aranjuez es una ciudad de tejados viejos,
de frío 
hasta en el alma de los huesos
y también es mía...

o viceversa,

no lo sé,

esta tarde me he olvidado el euro del café.

Y además,
es la línea de salida para todas las huidas,
es un nicho de alquiler,
el maldito alambre de espino en la cumbre de la valla 
que se ríe mis retos al destino y es
la cloaca en ruinas
donde esconden las propinas los sicarios del pasado,
ese,
el que durante un rato,
entre cerveza y ascensor,
te sentaste a hilar, alguna vez, casi a mi lado.

Y hace frío, 
coño...

Y el suelo se me ha llenado de cristales rotos,
de escoria
esparcida por los gatos que me hurgan la basura, 
que me roban los zapatos de la jodida memoria.

Aranjuez es una ciudad sin azoteas
y yo un puto Calixto despreciando Melibeas,
un ventrículo capado,
odiante crónico del mundo en vano,
del tacto a marzo de la palma de tu mano,
un profeta del fracaso,

un surco,

una línea,

una frontera,

un amante ocasional de vomitonas
para aliviar a restos de barriga
la maldita borrachera.

Aranjuez es una fosa común
cuando salgo del trabajo

y de vez cuando es invierno

y es la niebla.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Transfundido

Madrid, 
en domingo y en noviembre, 
es una zancadilla al tiempo.

Lo clava de rodillas en la acera, 
le rompe sus nudillos, le obliga 
a rezarte a golpes,
como siempre,
como un maldito penitente a un dios 
detrás de dos momentos,
de mil paredes sucias, 
podridas,
inertes,
en su empacho de cemento.

A Madrid, 
en domingo y en noviembre,
se le desborda a arcadas el silencio.

A mí el vino.

Ya ves,
yo tan Robespierre,
tan guillotina de las trabas al destino
y tú... 

tú viviendo en la calle Princesa.

Qué puta ironía,
qué revolución plebeya,
qué jodida y romántica empresa.

Hoy no son mil años
desde que mi sofá fue capilla ardiente
donde hervía la piel de tus tobillos.

Hoy he visto a la manada en Plaza España,
con sus fotos nuevas,
con sus ojos sin lumbre pá las cuevas.
Me he parado, 
he pensado en robarles la influencia 
de su estúpida genética sandez,
de su amada indiferencia

y no he podido.

No soy un buen ladrón,
no ganaré cruz con alivio.

Hoy
a las arterias de Madrid,
en domingo y en noviembre,
se les ha transfundido medio litro de tristeza.

Y ahora,
antes de irme a dormir,
me toca renovarte la mortaja.

Joder... ¿Dónde escondo la pereza?







viernes, 23 de octubre de 2015

Tribulaciones del locuaz Nadie

Nadie 
cierra el portal
entre quejidos de madera
y con un corte sincero de mangas
deja
vuestro estúpido mundo ahí fuera.

Ya es octubre en el ascensor
y arriba
los fantasmas ni se abrigan,
simplemente
encienden la calefacción
y pasean desnudos
su ectoplasma transparente.

Él nunca encierra con llave,
¿por qué?,
a tan ilustres e indecentes
habitantes del parquet.

¡Buenas noches don Nadie!
Ya son casi las diez.
Ten a bien informarnos, 
joder,
cuando vas a llegar tarde
y si es posible,
carajo, 
qué te apetece comer.

¿Cómo vas de la pubalgia?
Sabes que para dormir la carne
es la hostia la nostalgia.

Hay que reconocerlo,
los cabrones son elegantes,
la sonrisa por delante
y las caries de estraperlo.

¡Buenas noches, queridos!
Se me murió el hambre entre la gente.
Permitidme,
por favor,
abrirme una cerveza.
En un segundo,
me las daré de escritor
y por mis huevos poeta.

"Sodomía medieval
en buhardilla acomplejada."
Así lo voy a llamar,
apenas nada.

Recuerda, 
mi buen amigo,
sin lubricantes ni linimentos,
va a dolerte de verdad,
puedes odiarme si miento.

Lo sé mis queridas sombras,
esta noche os cuento seis
y quiero que me juréis, 
compadres, 
haciendo una rima fácil,
que si tanto he de llorar,
va a quedar de puta madre.

Nadie se sienta 
sobre un vibrador vibrante
y se lleva por delante 
esfínteres de angustia y miedo.

Llora a ratos, 
o se lava las manos
como contaban los curas
del cabrón de Pilatos.

Y así transcurre la noche
en estricta hemorragia interna.

Pero Nadie se siente feliz.

Supongamos

que mereció la pena.





















A algunos poetas vírgenes de anhelo, por si olvidan la mentira. (Maldita fe)

Vosotros

coleccionistas de ofertas en bragas,
cazadores con reclamo,
verso a verso y mano a mano,
¿qué coño sabéis de llagas?

Sonriendo con soltura
sobre cada sepultura 
de los sueños que ensuciáis,
¿venís a darme lecciones 
tercio a tercio de cerveza,
subiéndoos los pantalones,
sobre lo que es la nobleza

del vacío,

de la espera?

Vosotras

plañideras de las desdichas que relatáis con descaro,
pobres princesas de almena,
¿qué coño sabéis de la pena?

¿No se os hace algo raro repartir cornamentas
usando esas mismas bocas
que a los cuatro vientos aventan

el dolor?

Vuestras camas son Gran Vía
si no hay papel ni escenario
y tenéis la desvergüenza, 
pontificando a diario,
de morderme la paciencia 
con mil duelos y quebrantos.

¿A qué coño lloráis noches frías?

Sería mucho más honesto
banderóforas del honor y el carpe diem,
reyes de miembros enhiestos,
que contaseis la verdad.

Bastante más respetable
que usar las lenguas en balde.

Yo os aplaudo,
lo juro.

Y me permito, 
insensato,
lanzar un pequeño reto,
escribid sobre vosotros y vuestras picas en Flandes,
sobre sábanas gastadas por medio millar glandes,
quedará algún seguidor por esas redes,
lo prometo,
y además,

aun sabiendo que no es nada,

mi más profundo respeto.









Querencias

No quiero ser cadáver
ni gusano que se alimenta de vida de cadáver
ni uña creciente de cadáver

ni señal de alto voltaje
tan amarilla y tan negra

yo quiero ser voltaje
quiero ser descarga
de luz
de esperma
de buque atracado a punta de bolígrafo

o estibador chivato como Brando
quiero ser cine en blanco y negro 

y diente 

incisivo
canino
pero nunca promoral

no quiero ser moral
vuestra jodida moral recaudatoria de pecados

pero sí diente

fumar con los dientes
comer con los dientes
follar con los dientes

mirar

con todos y cada uno de los dientes
hasta con los ciegos

no quiero ser ratón de biblioteca
quiero ser rata de cuarto de calderas de biblioteca
salir por la mañana a comerme vuestros despojos
para conoceros
empezando por las suelas
mientras leéis

no quiero ser alcohol en las heridas
quiero ser tu cerveza 
tu resaca por llevarte mar adentro

y epopeya

¡quiero ser Ulises!

que deshiles de noche mi esperanza
sacarle el estómago a los puercos robahistorias
que hacen cola en tu portal

y rabia

quiero ser la rabia 

nada más

y tren de cercanías
cantante de piano bar
estría en tu mar de estrías justo después de cenar

y también pésimo actor
la frase brillante de un amigo
la costura rota de un abrigo

y desde luego 
que no quiero ser olvido pero a veces soledad

¿entiendes lo que te digo? 
quiero ser párrafo
para quedarme casi siempre
en la estantería de la gente 
que no me apetece olvidar

huella
no olvido

fiebre
no olvido

no quiero ser olvido

y no quiero ser tantas cosas
que no quiero ser cadáver
ni gusano que se alimenta de vida de cadáver
con su baba blanca
y su esquizofrenia carnívora 

caníbal

minúscula larva de mosca que frotará sus patas
sonrisa irónica
ojos fríos

sabe que va a vencer

pero no

yo quiero ser sangre
y a ratos
sólo a ratos

papel.










jueves, 22 de octubre de 2015

Posible resaca de alguna droga que nunca probé.

Campeón de mi calle en errores cometidos,
más que nadie,
los mismos que nadie,

¿quién coño es nadie?

Yo
     soy Nadie.

Nadie se levanta apurando cinco minutos de tumba,
se enciende un cigarrillo,
se ducha con tierra húmeda y gel de vainilla,
se mira al espejo y huele bien porque está limpio...

¿durante cuánto tiempo?

¿Cuánto 
              jodido
                        tiempo?

Nadie camina tarde y sin prisa al trabajo,
escucha historias sobre ojos de nadies mucho más importantes que él,
y se va manchando de vulgaridad 

y asco.

Debe de ser un mal día,

o ningún día.

Al anochecer,
entra por la puerta, 
se sienta en el sofá,
cenará mañana 
porque hoy
le crece la personalidad en los papeles,

donde no podéis tocarle,
donde no podéis mancharle con vuestra estupidez rutinaria
de rutinarios problemas
en rutinarias cocinas de estiercol primermundial,

pseudomental,

enfermizo...

como vuestras condenadas almas.

Le crecen dedos 
con depósitos de queroseno en vuelo regular hacia la basura,
su basura,
no la vuestra
malditos usurpadores de mierda ajena,
voyeurs de lágrimas que no lloraréis 
porque no sois Nadie,

como él.

Nadie apaga la luz con una sonrisa,
se entierra casi a las tres.

Os ha robado,
odiados habitantes de los suburbios de los días,
la llave de vuestras cadenas
y un callejón con lluvia y gatos que ya nunca pisaréis

Y no piensa borrar sus huellas.






Nueve mil seiscientos sesenta y cuatro

Algoritmo: Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema.


Odio mi puta costumbre de mirar el móvil nada más abrir los ojos, tengo la sensación de cubrirlos de nuevo, nada más despertar, con un velo de absurda paranoia de conexión colectiva 

y fría 

y mentirosa

y enferma

y muerta.

Y las mentes nacidas de las proféticas deposiciones de Orwell, bendito sea, que ahora gobiernan ese ser de inmensos dedos ramificados llamado facebook, llevan una semana recordándome quién era yo hace dos años a base de fotos desproporcionadas y ojerosas.

Y yo no quiero recordar quién era hace dos años.

Hace dos años estabas tú.

Y esos algoritmos que ellos paren sin dolor de hueso combado, no han leído "1984" porque no saben leer

ni respirar

ni beber cerveza en terrazas con abrigos

ni sonreír en fotos desproporcionadas y ojerosas

ni quién coño eres tú ni yo ni el nosotros que a mí me cegaba y tú, ciega, te empeñabas en convertir en un fantasma de mis desvanes.

Pero esta mañana han tenido ayuda. Un nuevo recluta uniformado de algorítmicas operaciones, con alguna medalla al mérito de tocarme los cojones, se ha unido al ejército de Telegram para recordarme, con alevosía, que fueron nueve mil seiscientos sesenta y cuatro mensajes exactamente. 

Todos desde tus dedos, 

todos clandestinos, 

todos con sus chaquetas rojas de tweed, con sus elegantes letras color sangre.

Quizá sea el karma, o la mala suerte, o los estertores de una enfermedad anacrónica del pecho, por el tabaco tal vez... pero esta noche caminaré a ratos por las calles de Madrid, por ciertas esquinas, por bocas de metro que no se pueden construir a combinaciones no aleatorias de ceros y unos... caminaré... y recordaré que esta ciudad guarda cinco millones de muertos en uno solo de sus cementerios, que podrían levantarse de sus pasados con las cuencas llenas de tierra y atravesarnos los pechos con sus tibias, porque son más que nosotros...

pero no quiero ser uno de ellos.

Por mucho que esos conjuntos ordenados y finitos de operaciones que permiten hallar la solución de un problema, que sus tercos demiurgos, se empeñen,

yo...

yo no quiero ser cadáver,

por si las moscas.








martes, 20 de octubre de 2015

Paralelismo

Conozco a una chica
que postula la existencia de universos paralelos
y, de vez en cuando,
llora su rabia en ovillos de tripa por el suelo.

Dice que prefiere dormir 
las mañanas de casquería,
que la noche es una puta de saldo
y le cambia sueños y orgasmos
por Kafka y por pesadillas.

Puede que tenga razón,
qué le puedo decir yo, 
que tengo lleno el trastero
de sobres con matasellos de oficinas clausuradas.

Quizá
que dos tercios y tres quintos nunca son suficientes
cuando empiezas a tender puentes hacia el abismo,
que olvidar nunca es lo mismo
que romperle doscientos seis huesos,
uno a uno, 
a todas las cuentas pendientes.

Lástima que Hipócrates, 
cabrón, 
no obligue a escribir amnesia en las recetas.

Qué le voy a decir yo
que a ratos pienso
que la vida no es más que una lesión
en la calma del silencio.

Ella, 
tan bonita,
a veces no recuerda lo que mienten los espejos.

Por eso conozco a una chica
que postula la existencia de universos paralelos
y yo,
que esta noche respiro en huelga de celo,
querría ser algo distinto,
tener la jodida llave,

el código, 

la clave 

de cada puerta blindada

en su maldito laberinto.
















domingo, 18 de octubre de 2015

A los rapsodas de la felicidad, con mucho amor

Anoche,
pobre de mí,
escuché mientras la lluvia
la voz de un rapsoda feliz.

¡Huíd de la melancolía, poetas tristes!,
nos venía a decir.
No es lo que el público quiere
escuchar a esas mujeres,
(y hombres, por supuesto),
echando la bilis y el resto
por los micros de Madrid.

Yo, 
mientras tanto,
mano a mano con el vino,
al lado de un par de amigos,
rumiaba mi santo derecho
a romperme a letras el pecho
y a cagarme en el destino.

Soy poeta triste quizá
que no soporta lecciones, 
o que siente si lo enmarcan 
en flácidas clasificaciones,
con perdón, 
que le tocan los cojones.

Voceros de la primavera,
por favor,
dejadme la vida entera
vosotros siendo felices 
y yo 
con mis jodidas cicatrices.

Respeto almendros en flor,
lo juro,
hasta he saltado algún muro
como un perro tras su olor.
Soy cum laude en atardeceres,
en pozos y en mercaderes
que venden la salvación.

Vosotros dejadme tranquilo
desnudando bosques oscuros
en los que a ratos anido.
Parece que eso os perturba,
lo agradezco,
pero por dios, seguid con los arabescos
y no me deis más la murga.

Y aunque os suene a verso blasfemo,
a mente satánica y cornuda,
no os quepa ninguna duda
de que el público, 
amados míos,
me la suda.

viernes, 16 de octubre de 2015

Me cago en los lunares

Aquella noche dormí en el suelo
o en las cloacas
o en el puto infierno,
no lo recuerdo bien.

Fue una transfusión de frío a la madera
a eso de las seis, 
o quizá un náufrago arrojado de cabeza,
que se agarra a los restos del galeón 
con mar gruesa de cerveza... 

Yo qué sé...

Aquella noche dormí en el suelo
y la gata me acariciaba la boca con los bigotes,
hacía esos ruidos tan raros
como de juguete destrozado
contra las escaleras.

Desde entonces siento arcadas
cuando toda esa legión
cuenta lunares en espaldas,
lunas crecientes 
que parecen, ahí colgadas, 
jodidas hojas de guadaña.

Como la de ayer,

maldito instrumento macabro 
destripa entrañas.

Aquella noche dormí en el suelo,
sobre tarima flotante,
era de roble, 
creo.

Pobre caballero andante,

pobres vértebras del cuello.









lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre

Veo una peli mexicana que protagoniza un cadáver.

El cadáver ordena su piso,
pone la lavadora,
friega platos y cubiertos, 
se mete algodones en los orificios de la nariz
para evitar la salida de fluidos,
ralentizar la descomposición
o no apestar a náusea cuando coge el metro...

¿Qué se yo?

Lo que de verdad me pregunto
es cuántos de vosotros,
peatones en derribo de esta ciudad,
hacéis lo mismo cada mañana.

domingo, 11 de octubre de 2015

Estúpido miedo analógico

Te di miedo.

De esa forma tan tuya tan cobarde
tan de kilómetros tan analógica...
tan de no usar los dedos.

Tan tan tan tan tan...

Así sonabas,

como una campana llamando a muerto.

A mí, claro,
al de las madrugadas clandestinas
escribiendo con las tripas
en lugar 
de tirar de una jodida buscapina.

Anémico ojeroso
sin un maldito poso de tu sudor.

La cicatriz de tu vientre era pan y tierra,
café caliente 
en medio de una guerra que no supiste empezar,
pero que a mí,
en noches de atraco y cerveza,
me vuelve a dormir
amortajado en las cunetas.

Te di miedo.

De esta forma tan mía de romperme los huesos
contra los escritorios,
de conservar falanges en tinta china,
de no guardar silencio
tras un beso de estación.

Sincericida cruel de verdades inventadas,
no me engañaste, no olvides
que tienes ojos tienes piel,
que me diste la receta 
de la mostaza con miel para la carne.

Y yo, en Madrid,
en cualquier parque,
aterrador hombre latiente sobre un banco de granito
frío,
sin pecho,
como todos tus disfraces... yo

te sigo

dando

miedo.

Con esta forma tan mía de no limarme los dientes
si hay que morder,
de desnudarme la vergüenza en el baño de un hotel
de poco más de cien páginas.

Devoradora de instantes perdidos,
ignorante de tus hilos,
que te aproveche el futuro 
detrás de tu maldito muro y tus silencios.

Yo...
yo pienso seguir el sendero
de los bosques que no quieres caminar,
a ratos roto, dislocado, deslenguado siempre,
ya lo sabes.

Tú... 
reina del tiempo despedido,
de los relojes de agua,
con tu almacén de lágrimas condenadas a esperar,
si te empeñaste, 
querida matemática absurda,
en sumarme ceros... 


me vas a dar igual.

martes, 6 de octubre de 2015

Uñas en la espalda del bloqueo

Llevo días con los dedos apuntalados,
como una fachada en ruinas
o una ciudad de posguerra.

No me dejan escribir.

Se mueven sobre mi cabeza
como los talones de un ahorcado,
barajan
los cheques que no pago
a todos esos gatillazos del destino
que encontré,
con sus cartillas de racionamiento,

a solas,

hambrientos,

por el camino.

Levo días sin valor
para esperar a pluma gayola los recuerdos nuevos,
para empuñar la pistola con que volarle los huevos
a las hojas,

tan ocres,

tan octubre,

de Madrid.

Audrey fuma con boquilla en la pared,
me susurra mantras  
contra los mesías que una vez
abandonaron mi cadáver. 

A mí 
se me ha olvidado leer las caderas que no caben 
en estas cuatro paredes.

Voy,
si no os importa,
a querer quemar desnudos sus rastrojos,

cerrar los malditos ojos

y tratar de dormir.




jueves, 1 de octubre de 2015

Caminar

Los aleros de esta ciudad
gotean cadáveres,
miembros desmembrados de historias inconclusas.

Las aceras de esta ciudad
son un sepelio de musas,

de colillas,

de basura,

de temblores si los usas,

de sujetadores
abrochados sin encaje
en los pechos de los cuerpos del pasado.

El otoño en esta ciudad
es una esquina,
un barril de cerveza malherida,
una foto
para descoser el saco roto,
la mochila,
de la espalda deslomada de la vida.

Y entre tanto desperfecto
camina un tipo a ratos muerto,
tratando de buscarle a Madrid alguna orilla,
alguna forma de arrimarle una cerilla a sus vestidos,
de llegar,
de una puta vez,
a dondequiera que escondan el buen puerto.

Capitán de anaqueles
de exposición de mujeres eternas...
así soy,

no temas,

o teme...

Recógeme de todos los andenes
de los trenes que he perdido,
o déjame caminar,

solito,

con el frío.















martes, 15 de septiembre de 2015

15 de septiembre

Vuelve a llover en Madrid,
y las bocas saben 
a calada recién parida de pasado mañana.

Y al regreso de Turquía,
Peri Rossi,
en cualquier café 
o en un asiento plegable de vagón de tren,
me enseña 
cómo se escribe la vida
saltándose cada punto y coma profundo.

Vuelve a llover en Madrid,

y camino.

Y vuelvo 
a dormir en el sofá de algún amigo
si la noche, 
o el cemento de las calles,
le colocan algún reproche
a los horarios,

y además,

me quedo en esta jodida ciudad,
porque ganaría cualquier concurso de camisetas mojadas,
porque cobra demasiado y casi nunca pone la cama,
porque el otoño le sienta tan bien
como quitarse el velo 
a una recién casada, porque

estás.

Vuelve a llover en Madrid,
y a todas esas oficinas les gotea la nariz,
tiemblan,
cierran las ventanas,
y nos dejan,
a ti y a mí,
solitos con los libros de la calle de La Palma.

Vuelve a llover en Madrid...

coño,

ya había ganas.









miércoles, 9 de septiembre de 2015

Por una cabeza

A veces se pone vestidos de niña,
y usa el vuelo para esconder un puñado de hematomas, 
justo bajo las costillas,
que a ratos, 
por las noches, 
me la quieren bajar del tren.

A veces
se viste con voz de niña cuando despierta,
y joder...
me saca de quicio todas las puertas, que yo,
ilustre habitante de estercoleros,
viajante de comercio de bisagras sin encuadre,
cerraba a patadas de rabia,

hasta ayer.

A veces es una niña con miedo,
y yo improviso 
un torniquete cruzando sus dedos para evitar la hemorragia.
Me invento un botiquín plagado de pastillas
y busco un puñado de gasas para limpiar las heridas
de toda esa puta nostalgia.

A veces, 
cuando se fuma el último piti en el baño,
sé que puede hacerme daño si le da por no volver,
si se muda a otra ciudad 
con sus pelis en vose alternativas,
con sus cartas sin sellar y boca arriba,
con su trenza negro oscuro,

su pelvis,

su pubis...

su todo 
lo que este extraño pasajero,
este infame servidor,
se empeña cada día en romper en su colchón.

Esta noche baila lejos...
no importa, 
se ríe conmigo de los depredadores 
que equivocan barras por comedores.

Señores...

mensajería instantánea para dedicarme poemas,
mientras vosotros 
afiláis fonemas 

de caballo 

perdedor.














sábado, 29 de agosto de 2015

Evoluciona dentro de la gravedad

Por esos mundos de Dios, 
ateo yo,
encontré a una chica que llueve.

Llevaba un sombrero de paja y, ahora, 
algunas noches,
leemos cuentos por si se duerme.

Tiene un gusanito amaestrado
en el centro de mi mente,
el muy cabrón
me descoloca los retablos
pintados por el diablo
de todos los cuerpos ausentes.

Y ella,
que es capaz al mismo tiempo
de reír y de llorar,
no sé hasta qué punto es consciente
de lo que me pone el cielo gris,
la lluvia, 
y el olor de pelo empapado,
el suyo,
sobre el hombro más urgente.

Ella,
de momento,
recoge moras,
teje gorros de lana,
se asusta 
con los sonidos y las arañas...

Y yo me tumbo y la espero.

Soy, 
ya lo sabéis,

proscrito de los mañanas, 
de quedarme con las ganas,
y de sobra,
muy de sobra,

paciente.






viernes, 28 de agosto de 2015

Queridos primus inter pares

Existen por esos bares
gentes de insulsos hocicos,
que, sin hacer malabares,
a fuerza de ser payasos,
son fugitivos de circo.

Venden sus quehaceres
por esas camas ajenas.
¡Creen en su gran talento!
¡En sus verbales venéreas!
Y consiguen,
lo lamento,
sacar del sueño mi pena.

Pena por mercaderes 
de impostados alientos,
por vestirse de villanos 
con el arte por las manos, 
en trajes de media hostia 
por rutas a barlovento.

Y lo cierto es que comparten 
lecho y flores
de cráneos con cornamenta,
que me sacan los colores y unas risas, 
perdonad,
en lugar de una tormenta.

¡Queridos artistas concretos! 
¡Va un consejo de amigo!
Seguid raudos y embridados,
por favor,  
vuestro camino.

¡Bajad sus bragas de saldo! 
¡Pensaos un gran concertino!
Pero por todos los Santos...
dejadme en paz con mi tiempo,
que es precioso,

y sobre todo... 

es mío.







miércoles, 26 de agosto de 2015

Aquella buhardilla sin la chica que se creía oscura

Descanso bajo un techo con tendencia 
al descenso en las esquinas,
cierto grado de demencia y,
sobre todo,
un puñado de oscuras medicinas
contra esta terca y endogámica tristeza,
que cursa 
con siete picos mellados de pereza,
y un puñado de minúsculas,
escuálidas famélicas anémicas,
tan putas sin propina,

incluso estúpidas

certezas.

Calculo en grados de rojo
la dosis de cerveza
para evitar tempestades 
de verbos regulares,
de lenguas regulares,
de ejércitos de soldados jodidamente regulares,

de regularidad manifiesta.

Pulso
los interruptores que me apagan el tedio
y te colocan, 
tan bonita y justo en medio 
del salón.

Olvido las carreteras,
el caucho oscuro de las suelas de los cadáveres 
de todas las camareras.

La gata
me caza diligente tres ratones de trapo,
muy cabrones,
que roían ilusiones
y a plazo fijo la locura.

Me los deja en el colchón.

Y yo recuerdo
un alemán un lobo una estepa,
una frase sobre el quicio de una puerta,
un "sólo para locos"
de neón.

La distancia es un espejismo,
si quieres
cruzo tu calle ahora mismo,
o me esperas

sentadita 

en la estación.








lunes, 17 de agosto de 2015

Hecesaridad

                                     (Para Carlos, Diego y Jorge... en riguroso orden de aparición.)


Al final encontré bombas racimo
lanzadas por esos bares
sin un solo poso de mimo.


Y un letrado coplista y blanquecino
que nos carga los oídos con un Primo
que dice amigo de Lorca, 
y me condena 
de vez en cuando la pena 
a colgar exangüe de la horca.

Una mata de rizos con tonsura
que se apunta a nuestros garabatos,
y disimula con voz ronca la ternura
como un vil poeta... a ratos.

Y yo sacándome la vida del despacho,
tratando de cobrarme alguna pieza,
con clítoris, pezones por empacho,
y alguna que otra jodida cerveza.

Sin más oscuras intenciones
que la de seguir dedicándoles abrazos,
me voy a saltar algunos plazos
para decir, con dos cojones...

de vez en cuando se os quiere,
malditos
jodidos
cabrones.


martes, 28 de julio de 2015

¿Cómo titulo esta mierda?

Soy un flashback.

Unas cangrejeras en un río que hoy se muere,
por si las piedras.

Un cuaderno de caligrafía,
Rubio,
sólo un poco más que tú,
al que hoy le hubiesen bastado dos letras.

Y los malos siempre del Vietcong.

Unos cuantos veranos en letra de imprenta,
y más tarde
las balas de verdad.

Moncloa y Parque del Oeste,
Argüelles...
terco Argüelles,
obstinado Argüelles,

puto Argüelles con su costumbre de regresar.

De vez en cuando bongos en Tribunal,
Dyc con coca,
tardes en Complutense.

Por el camino clavos, jirones y mudanzas,
las venas de la inocencia 
abiertas en la bañera de un hostal.

Soy un jodido flashback en el segundo fotograma,
desubicado, 
ajusticiado,
una silla eléctrica de ayer pintando un paso de cebra.

Manufacturo instantes,
reduzco los esguinces con cerveza,
bebo pezones marcados dentro de una camiseta.

¿Qué puedo hacer si dices que no eres mi casa?

¿Dónde duermo esta noche, joder?

¿Dónde coño deshago el equipaje,
si te empeñas 
en que sea entre otras piernas
el siguiente repostaje?

Tengo un hueco justo al lado,
un pasaporte...
pierde de una puta vez el norte,
tropieza con mis bordillos,
llévame en los bolsillos,

prometo matarte de ruido

en la próxima sesión. 





sábado, 25 de julio de 2015

Víspera de carretera

Nunca supe distinguir orillas de cunetas, por eso acabo tantas veces cubierto de barro, por eso nunca he terminado de aprender a nadar.

Por eso, sólo por eso, podías reírte cuando te contaba que soy incapaz de abrir los ojos debajo del agua.

Y Madrid es un acuario.

Y da la casualidad de que los respiradores de segunda mano tienen fugas cuando me dan oxígeno en los bares, y todas esas esquinas siguen estando ahí, como si las putas fueran ellas. 

Por favor,

déjame en paz,

y de una vez,

hacer las maletas.

martes, 21 de julio de 2015

Preferencias o interferencias

El mar me gusta en otoño y al norte,
en invierno y al sur.

Tú,
en cambio...

a ti te prefiero en el reflejo de todos los escaparates,
en el del vidrio tierra mojada de las botellas,
en el de las barras,
preñadas de cazadores,
vacías de todos menos tú.

El mar me gusta roto contra las rocas,
escupiendo espuma,
esperma,
contra la pared.

A ti...

a ti te prefiero en la calma de después,
cuando aún buscas el aire
y yo te cambio las ganas de fumar
por liarme un boca a boca.

El mar me gusta en la orilla,
de tu sexo el fondo,
y de ti...

de ti entera...

me quedo con cada vagón de metro en que te mojas los labios
dos andenes antes de mi parada.

Déjate de estupideces,
no me cambies las aceras,

quédate,

conmigo,

en Madrid.

sábado, 18 de julio de 2015

espasmo creativo a plumatraición

los putos abrazos de despedida,
aparcados en batería,
sin estación
ni una maldita vía
que me devuelva el invierno,

¡hace tanto calor!

mecánicos del karma
con los monos engrasados,
las manos limpias de polución.

las manos,

las tuyas,

pasando frío en el bolsillo
del maldito chaquetón.

cumpleaños olvidados,
treinta y ocho
ya enterrados bajo tierra,
dedos alrededor del cuello,
miedo búsqueda viajes,
no saber qué coño haces
ni hasta dónde la revolución.

tierra,

cuánta jodida tierra.

¿y qué hacemos con la sangre?
supongo,
claro,
que al cajón.

tequila albino,
gorra gris, 
¿dónde escondemos las lágrimas?
dámelas,
coño,
a mí,

que me deshago la espalda apoyado en la pared,

esperando.

¿esperando qué?

somniloquios ignorados a fuerza de singular,
y a veces,
si no queda más remedio,
contrabando de páginas 
páginas 
páginas 
palabras...

putas como las de Benedetti,
caras como las de salón,

arcadas de palabras,
náuseas de palabras,
mareo de palabras,

marea 

y luna dando el empujón,

el de siempre,

como nunca.

los porqués de los cuidados intensivos,
(por favor, no RCP),
haciendo cola en el baño,
los huevos de seguir vivos,

los amarillos

de marihuana fría

para posponer o conservar o salvarle la vida
al monóxido de esta ciudad,
que a veces no es nada
y a veces mía.

Madrid se me desmadeja
en cada kilómetro que te alejas,
en cada libro,
cada pelo escondido,
cada percha...

y yo inventando una oración,
como si fuera un vil cura
pagano de tu cintura,

en serio,
no me jodas con corduras,

quédate 

siempre.

a traición.








lunes, 13 de julio de 2015

Personal e intransferible

quizá,
sólo quizá,
pienses que me curo la soledad
a besos de despedida,
que la tormenta no es tuya
cuando regreso calado a casa,
la calle anda olvidada,
y la policía me pide los papeles de indigencia formal
por ojos de vagabundo.

que no es tu boca la que vuelvo a morder en el espejo del baño,
que no se me cae la piel porque puedes hacerme daño 
y no quiero que lo sepas.

quizá,
sólo quizá,
no notes el milímetro de más en mis pupilas,
la arritmia sostenida,
la cerveza y la tinta china
con que anoche pasé la tarde

por ti.

quizá te haya convencido 
de que no me matas de miedo,
de que soy un gran actor en vez de un payaso desnudo.

dime, 

ahora,

cómo deshago este nudo
si sueño el suicidio entre tus piernas,
si prefiero tus heridas, 
por primera vez, 
a mi guarida,

si me has dejado verte.

quizá,
sólo quizá,
me pidas de verdad
motivos para quererte, estás loca...

sonrisa,
pan,
orgullo,
ombligo,
cristal,

¿te parece suficiente?

lluvia,
asfalto,
bisturí mental,
lágrima con la izquierda,
vida en cualquier parque,
la mía, por supuesto,

si quieres algo más

ya te contaré el resto.

quizá 
de una maldita vez se nos olvide el ojalá,
y te convenzas, 
joder,
de que no eres relicario de mis cenizas.

quizá, 
sólo quizá,
te des cuenta de que me sobran los motivos
para beberte y vivirte,
para partirme la cara con tu pasado,

mudarme la sangre a tu costado

y quedarme a dormir.






miércoles, 8 de julio de 2015

El caos, sin calor, de una noche de verano

Necesito el dos de copas de tu baraja,
lo reclamé anoche,
cuando encontré ese vino blanco en el armario
y eran las dos.

Me lo bebí caliente,
o a veinticuatro coma tres con aire puesto,
doce grados menos de lo que pesaría
resbalando tu entrepierna.

Qué desperdicio...

Y todo para poder dormir.

Lo reclamé a voces,
me lo ha dicho un vecino en el ascensor.

Luego te lo pediría,
imagino,
con media docena de lágrimas,
hoy me faltan huevos en la nevera
y al fin me quedé dormido,
joder, no lo puedo recordar.

Necesito el dos de copas de tu baraja,
o todo el puto palo de espadas para cortar 
el deseo de tu piel en mis paredes,
de tu reflejo en mi baño, 
empapada, 
claro,
y de esos sueños tuyos tan raros que fingía interpretar.

Necesito el desnudo integral de una partida nueva,
recorrerte el tapete 
con la punta de la lengua,
tu cuerpo, tu mente, 
cada pliegue de tu masa gris,
tu analítica caótica,

cada 
jodido 
pensamiento.

Coño...

soy un pésimo jugador,
de verdad,

dime 
que no te apetece apostarte.










domingo, 5 de julio de 2015

Mil obscenas razones para odiarte. (Todas falsas.)

Odio ponerme cursi,
líquido,
incluso viscoelástico,
como una almohada que te envuelve el cuello,
o lo intenta,
cada noche,
para que no desvíes la mirada de mi dirección.

Eso es culpa tuya.

Y el regreso de los mensajes de las tres,
de madrugada,
cuando el asfalto de la eme cincuenta
no rellena los huecos que me esperan en casa,
pulso el micro del guasap,
y has tenido los cojones de dormirte.

Eso es motivo de odio.

Odio que crujas los huesos, coño,
y que encima me mires desafiante
como uno de esos acantilados gigantes
que niegan las playas a los náufragos.

Odio el "te jodes" implícito,

pero me encanta.

Y qué voy a decir de tu costumbre
de dibujarle fronteras a mi tragedia.
Con lo bien que estaba yo en el fango,
fresquito,
con algún polvo de estraperlo traficado en barras oscuras,
cagándome en todos los coles de curas
que, en su día,
me inculcaron cierta celestialidad al sufrimiento.

Que me gusto cuando sangro,
joder.

Y tú eres guapa, 
y yo calvo,
y siempre vas con prisa,
y tu madre es un coñazo,
y las gatas muerden.

Te odio porque, a veces, tengo miedo de tocarte,
de que huyas a cualquier parte,
donde ya no quede yo.

Que lo sé,
que estamos en coma sentimental,
en arroba pornomental,
lo que quieras,
que no somos nada,

que le jodan al mañana 
y todo eso,

pero tú me preguntaste
y no sé si son mil razones
pero pesan de cojones.

Que a ver cuándo,

de una maldita vez,

nos equivocamos

y me invitas a cenar.




sábado, 4 de julio de 2015

despertar de siesta si ni estás. (yo viviendo a 300 metros de la sala de estudio.)

existes en otro lugar.

quizá en la biblioteca,
dándote de hostias con todos esos exámenes
que quizá te provoquen 

ahora,

esta tarde,

el sudor que deberías enjugarte 
en las costuras nuevas de este colchón.

o quizá fuera cierto,
y alguna vez fue culpa mía,
y ya no suspendes nada,

excepto a mí,
a mis cuadernos,

y a mis putas ganas de seguirte el rastro,
de meter mi nariz en tus toallas
justo después 
de secarte conmigo poscoito 
los restos de todos tus miedos.

existes en otro lugar,
te he olido por las calles 

como un perro.

miércoles, 1 de julio de 2015

La noche en que conocí a Lori Meyers

Camino.

Cuento los cigarrillos aplastados de las aceras, 
uno a uno,
imagino 
las bocas en las que se consumieron, 
los pulmones 
enfermos por aliento contaminado, 
los labios 

tercos. 

SOY
uno de ellos. 

Una colilla,
un cabezota,
un alveolo,
un cadáver por un beso,
un bronquio alquitranado por los presos 
en el tejado,

una calada,

tuya,

a mediados de marzo.

Supongo 
que también un yonqui del cariño
desde aquella noche en que el tuyo
me puso más que tu cuerpo,
o desde aquélla
en que conocí a Lori Meyers,
repartimos los papeles,
y estrellaste una cerveza contra el suelo.

Yo camino,
a veces,
le saco el polvo a los recuerdos
tras funeral de polvo paliativo,

y tú,

tú allí,

comunicando.

martes, 23 de junio de 2015

Para algunos asuntos, mejor un buen peluquero

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones, 
es que los pedazos que se quedan 
se vengan vestidos de condena 
de cuarenta latigazos en dos días,
y no avisan al llegar,
los muy cabrones.

Tiendo a la utopía,
al recuerdo selectivo,
a la cara sur del descenso a tu tobillo.
Tiendo calcetines, 
sábanas, 
gayumbos,
y a hacerme con las tripas un ovillo
para que jueguen la gata y tu silencio
a correrle a manotazos de ida y vuelta 
por el pasillo.

Tiendo las calles que ya no vivo contigo
para secar rumores fundados
de que uso otros coños
como templo anticonceptivo, 
con el firme propósito de no parirte de nuevo,
de que pulso clítoris exentos de tu cuerpo
para no llamar al timbre del pasado, y tiendo,
sobre todo,
a llorar después de cualquier polvo programado
para olvidarte.

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones
es que siempre me queda más larga tu sonrisa,
tu prisa por echarme se me olvida,
y vuelves de forma recurrente 
a apoyar tu cabeza en mi pecho.

Late fuerte, 
¿lo recuerdas?

Manda cojones.





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