jueves, 22 de octubre de 2015

Posible resaca de alguna droga que nunca probé.

Campeón de mi calle en errores cometidos,
más que nadie,
los mismos que nadie,

¿quién coño es nadie?

Yo
     soy Nadie.

Nadie se levanta apurando cinco minutos de tumba,
se enciende un cigarrillo,
se ducha con tierra húmeda y gel de vainilla,
se mira al espejo y huele bien porque está limpio...

¿durante cuánto tiempo?

¿Cuánto 
              jodido
                        tiempo?

Nadie camina tarde y sin prisa al trabajo,
escucha historias sobre ojos de nadies mucho más importantes que él,
y se va manchando de vulgaridad 

y asco.

Debe de ser un mal día,

o ningún día.

Al anochecer,
entra por la puerta, 
se sienta en el sofá,
cenará mañana 
porque hoy
le crece la personalidad en los papeles,

donde no podéis tocarle,
donde no podéis mancharle con vuestra estupidez rutinaria
de rutinarios problemas
en rutinarias cocinas de estiercol primermundial,

pseudomental,

enfermizo...

como vuestras condenadas almas.

Le crecen dedos 
con depósitos de queroseno en vuelo regular hacia la basura,
su basura,
no la vuestra
malditos usurpadores de mierda ajena,
voyeurs de lágrimas que no lloraréis 
porque no sois Nadie,

como él.

Nadie apaga la luz con una sonrisa,
se entierra casi a las tres.

Os ha robado,
odiados habitantes de los suburbios de los días,
la llave de vuestras cadenas
y un callejón con lluvia y gatos que ya nunca pisaréis

Y no piensa borrar sus huellas.






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