Nunca supe distinguir orillas de cunetas, por eso acabo tantas veces cubierto de barro, por eso nunca he terminado de aprender a nadar.
Por eso, sólo por eso, podías reírte cuando te contaba que soy incapaz de abrir los ojos debajo del agua.
Y Madrid es un acuario.
Y da la casualidad de que los respiradores de segunda mano tienen fugas cuando me dan oxígeno en los bares, y todas esas esquinas siguen estando ahí, como si las putas fueran ellas.
Por favor,
déjame en paz,
y de una vez,
hacer las maletas.



0 comentarios:
Publicar un comentario