Si me arrancaseis el corazón
y lo pusieseis sobre una bandeja metálica,
de ésas de cirujano,
podríais observar
un amasijo de tejido muscular
junto a algunos tipos más de tejido orgánico.
Lo que yo llamo amor,
o condena,
o motivo,
se encuentra,
exactamente,
a 243 centímetros del duodeno,
es decir,
según los últimos estudios,
mucho más cerca
de las letrinas
que de las gargantas.
Afortunadamente.



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