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miércoles, 28 de febrero de 2018

27 de febrero

Después vino el silencio.

En esta ciudad plagada de avenidas,
de coches construídos de metal,
tan geométricos,
de semáforos elegantemente estirados,
verdugos de los pasos.

Nada.

Un ser que señala los tejados
con las falanges combadas por el tiempo,
que se asoma sordo a las esquinas,
que bebe,
que tose,
que murmura.

Desterrado el sonido de los bares,
la cháchara del taxista,
la pulcritud de la letra pronunciada...
¿Dónde he de dirigirme
si no puedo escuchar mis zapatos?

A la sorpresa de un niño, quizá,
observando su Madrid,
tan inmensa,
tan de luto
y tan callada.







domingo, 25 de febrero de 2018

Cicerone de un domingo noche

Me han traído hasta aquí
un tren corto,
una acera tendida de gris militante,
mis pies llagados

y cierto grado de domingo,
de mansedumbre.

Ahora que estoy en casa,
siendo de plomo,
siendo denso sobre el sillón,
miro más lejos.

Me han traído hasta aquí
una huída,
el amable don de la cobardía,
un par de libros malsonantes,
un pueblo baldío,

una tarde.

Carezco del ajuar de un héroe, despertar
me cuesta un infierno
que siempre es el mismo,
recurrente

como ha de ser el sabor del azufre.

Ahora, 
encenderé un pitillo,
me dejaré llevar 
por el sopor de la televisión como sonido
y esperaré el sueño en ayunas,
con ese pálido hueco en el estómago,
inadmisible

como ha de ser cualquier sicario del olvido.








sábado, 24 de febrero de 2018

Margen

Entrégame la esquirla,
el minúsculo pedazo
que se desprende tras el impacto.

Entrégame su isla
alejada de todo lo igual
a lo que la compone.

Observada de lejos,
separada de la matriz.

¿Quién, 
si no,
decorará su estancia?







Para mi abuelo, rojo como el crepúsculo.

Su España,

Una,

arrojada a los carruajes,
siempre dislocada en dos,
lanceada en el calvario del hombre yermo,
de la espalda arqueada
como de un cabo,
como de una costa.

Grande,

inmensa,

vulgar,

en verde olivo,
en verde casaca,
en verde monte para los otros,
en verde tierra 
de miseria recogida.

De punta a punta
la cicatriz.

Y Libre siempre,
lo sabemos,
que la mano alzada 
no da más que sombra,
que la jaula es del papel
en que se escribe el grito,

nuestro grito.

Duerme allá,
duerme tranquilo.

Nunca fuiste en vano.




jueves, 22 de febrero de 2018

Circunstancia vulgar

No me acuerdo de ti
sino de un tiempo.

De un renacer,
quizá,
de una breve muerte del infortunio.

Apenas queda nada de tu forma
en la memoria. 

He dudado.

Es posible que fueras tú, 
en el vagón,
anteayer tarde.

No quise acercarme

por si te deshacías.









Veintidós de febrero

Como una tiniebla enraizada, profunda,
así es mi abrigo.
Como un Madrid de calles sin alma
caminado ebrio,
una avenida deshabitada,
farolas de luz sin alimento,
estrías en el antifaz.

No tengo cara.

Encuentro el calor en lo inconcluso,
me nutro del suelo estéril 
recorrido con prisa.

El camino a vuestra casa
es mi casa.

Si acabara aquí la nostalgia,
el desconsuelo de tu carne amarga,
su falta...
Qué sería de mí,
con qué llenaría la alforja,
cómo podría dormir
sin tu fantasma.














miércoles, 21 de febrero de 2018

Pantocrátor

Siento, a ratos, que os sobrevuelo.

Os observo,
veo vuestras cabezas
como minúsculas deposiciones de ratón
desde allá arriba.

Con tres dedos extendidos
bendigo la distancia que nos separa.
Yo tengo la palabra,
una perspectiva inmortal
sobre vuestra maquinaria
y el inmenso conocimiento que se os niega.

Después,
sin comunicación previa,
sin un olor preventivo,
vuelvo a ser deshecho,
la ceniza de un puñado de cigarros
por las calles de Madrid.

Insignificante.

Soy la filigrana del silencio que me forjo,
el retorno a la consciencia,
la soledad.








martes, 20 de febrero de 2018

Una vía interminable

Esta madrugada la dedico al cadalso,
a la ejecución
repetida por placer.

Dime si has mirado la oscuridad,
con una copa de vino,
y no has visto su sombra.






¿Dónde están las hogueras?

Si tuviese un modo de escapar,
un cuerpo cálido
que alimentase de aire,
si la carne infinita
que propone la ciudad
entornase una brecha oscura
de cuchillo
donde refugiarse...
No tendría que arrastrar los pies
como un vagabundo del frío.

No sería mi pared un susurro,
un asesino incuestionable.



Sé que no es un poema

Nos asomamos,
aquella noche,
a la Casa del Libro de Fuencarral,
ligeramente borrachos
y con sonrisa de gilipollas.

Buscábamos nuestros nombres,
con las manos de visera,
a través del escaparate.

En algún lugar
guardo la nota de las cervezas.

Nos habían echado del bar,
y fuimos,
aquella noche.

Después, aguijones 
como un abrazo de lo inevitable.

Viéndonos ser, 
quién iba a decir que hoy,
como aquella noche,
vestiríamos de gala mi derrota.

















Reconocimiento

La verdad, 
una alfombra extendida,
un contratiempo,
la fiebre turbia
que me usurpa las grutas a la sangre.

No soy.

Es sencillo.

Ni el mástil
ni el hilo
ni la sábana.

Creí ser pero no soy.

Ni tu puerto
ni tu mito
ni tu escarnio.

Confié en la palabra
igual que el creyente en el versículo

y me falló

como a todos los hombres. 


domingo, 18 de febrero de 2018

Semper fidelis

A la sangre espesa
en labios de cera,
transeúnte incansable de mi pantano.
Al vino añejo del recuerdo,
picado siempre desde mi rincón
y desde aquel verano.

A las almenas del castillo ajeno, 
a las colmenas de hiel
que atesoran fracasos en recintos hexagonales,

que me dan de comer.

A los bolsos a la altura de la cadera,
a todas las noches en que no hay manera
de robarle la gloria a los chacales.

A esos tipos 
que recogen mi basura con los peores modales
y al polvo miserable,
a las bocas que parecen mudas,
que dejan flores en mi sepultura

y sonríen.

Fiel, al cabello intratable del tiempo,
al primer respiro del último aliento,

a la máscara. 











sábado, 17 de febrero de 2018

Malasaña

Vi esta ciudad,
con el cuerpo de un caballo bermejo,
arrancando el asfalto.

Usaba uñas de lobo,
hablaba en inglés,
corrompía a sus habitantes
susurrando al oído
un idioma desconocido.

Era un mito, esta ciudad,
en mi sueño,
matrona del parto de la indiferencia,

fugaz,

maldita.

Pensaba en ello, esta noche,
mientras bebía en el bar,

mientras escuchaba.






Tumefacción

Una amígdala escarlata,
perpleja,
persiste en su hinchazón.

No soporta el rumor
de esta nube de harina
que respiro.

Viene de aquí mi ronquera.

De las plegarias
también.

La oración otorga
aspereza de lija a los tejidos,
el sonido se desgaja
desmembrado en turbulencias.

Mi voz es cada vez más grave,
como un dios que se apaga.

Uno más.

Es por eso
que no podéis escucharme.






jueves, 15 de febrero de 2018

Siglos al oído

Sé un hombre.

Entorna los ojos
ante el espejo del recibidor,
aprieta las mandíbulas

y sal.

Sé único,
protege tu inmortalidad
con los puños tensos,
suelda las grietas con metal, 

frío,

que no se intuya la ruina.

Vence,
eres una bestia de sexo sólido,
una erección incombustible,
no te atrevas a dudar,
el enemigo está a tu puerta.

El enemigo.

No le muestres
tus fantasmas.












Más allá de la cena

Veo el pan
sobre la mesa,
abandonado,
como una pestaña.

Y dos gatos somnolientos.

Y sus bigotes en estricto silencio.

Una botella de vino,
un corte interno,
una reyerta.

Y este filo de sillón
sajándome el cuerpo por la nuca,
como un bisturí de la rabia.















Paréntesis

Escucha.

Atento.

La ciudad no emite ningún sonido.

La atenuación cardiaca,
una parálisis,
la recorre.

Escucha.

Es la vigilia alerta
del animal que duerme
bajo el carbón,
se intuye
un latido ralentizado
en esta calle escuálida.

Si fumas en el balcón
exhala tranquilo,
no vayas a despertarla.














lunes, 12 de febrero de 2018

Que será derramado por vosotros

Sé que los gusanos que me consuman
tendrán la forma tu cuerpo,
igual que la cerveza servida tu color.

En la ciudad también se escucha el eco,
¿sabes?
Una araña inmensa que grita
al compás de los recuerdos.

Pero ese alboroto,
aún,
no me impide caminar.







domingo, 11 de febrero de 2018

¿Y si fuera cierto?

A algunas bocas
se les derrama la soledad
como una baba transparente.

Podéis verlas sonriendo por ahí,
vocalizando en reuniones sociales,
buscando la salvación 
en el sonido o el beso.

En lo casual encuentran el alivio
del que inclina un vaso vacío.

Aturdidas,
se saben errantes y yerran.

Si os encontráis a cualquiera en un bar,
no dudéis en decirle, por favor,
que la necesito.






Gracias Nodnol, nato para mí el 13 de marzo de 2015

A unos treinta kilómetros de Madrid,
a través del sur de matojo y espera,
circulan trenes.

Y desde esos vagones,
atestados de cuerpos prescindibles
para mí,
de un puñado más de vidas 
sobrantes en mi camino,
poco antes de las siete
del once de febrero
se puede observar el crepúsculo.

Hoy ha sido
The Graham Situation,
a tres cuartos de volumen,
el que ha apagado lo prescindible,
las voces llenas de caries
que me ensucian los viajes.

Y he podido

ver.









Una verdad cómoda

No existe cura
para la pereza del gato
ni para el asfalto
ni para las paredes.

En cambio, yo
sólo necesitaría una mano 
enjoyada,
un anillo despoblado en mi dedo,

el mundo ausente.












Haciendo memoria

En un escorzo imposible
giro el cuello hacia lo que he sido.

Miro aceras congeladas,
perros,
vecinos,
insomnio,
tú,
muerte,
pericia...

Deseo la vulgaridad,
como un cáliz de tierra compacta,
cada vez que piso el desierto.

A veces,
esquivo vómitos en la calle Toledo
mientras camino al metro,
al trabajo,
a la productividad.

No sé qué significan,

si un pedazo de alguien
estampado en el cemento

o nada.








Iluminación y calma

Sublime Madrid
este invierno,
sublime la cafetera del óxido
de mi renuncia,

de mi cocina.

Es una carga leve,
un aleteo de estiércol
que nutre mi insignificancia.

Me la he ganado,
como estas paredes.

Duermo en un nicho feliz.

Al que le tiente el venir,
le ruego 
que se aleje. 







viernes, 9 de febrero de 2018

Dos de julio

Me lo escribió en una tarjeta
para el día de mi cumpleaños.

"Sigue creando",
escribió.

Y aquellas letras 
me calentaron
como un guiso de carne y de barro.

Ella
que sabe bien
que sólo puedo crear monstruos.

Sulfi y la banalidad de mi daño

Cuando aún no la conocía
a mi gata la sacó de la calle,
mientras vomitaba su sangre,
un peatón casual.

Mi gata era un fantasma,
casi azul,
apenas carne
con la muerte enredada.

En este invierno de cuarenta años,
en este enero tenaz,
cuando la nieve en Madrid
se atrinchera, por fin, 
en las sombras del parque
y yo busco un renglón en rojo vivo,

mi gata,
orgullosa y caliente sobre mi barriga,
se descojona en secreto

de lo que escribo.

















martes, 6 de febrero de 2018

Insensatos

Colapsa la palabra,
no representa una mierda.

Hubo un tiempo en que yo,
ingenuo,
creí.

Símbolos del sonido,
ejército incapaz
de la misión que se encomienda.

¿Creéis que aquí
podréis saber
qué coño significa la noche?






Deseo sincero

Entre en la sala
todo aquel que no entienda
una puta palabra de lo que escribo.

Tome asiento.

Hábleme de mí
y de su indiferencia,
de la vida ciega,
de las termitas,
de la herrumbre,
de la soldadura vulgar 
de la existencia.

Tengo sed,
necesito una aguja en la vena,
una muestra,
simple,
de la liberación.

Origen

Por un instante, 
un instante miserable
frente a todos los momentos del mundo,

fuiste.

Mis cimientos de barro,
mi calavera,
la estructura de mis capas de piedra,
mi sedimento.

Prófugo, ahora,
de aquellas callejuelas,
nadie me busca.

Me limito a negar la salida,
bloqueo la puerta, adicto 
a la indefensión.

Nunca negará una letra,
un sólo paso,
de dónde vengo.













lunes, 5 de febrero de 2018

Creación

Pero algo,
una miserable mota de existencia,
se cuela insolente
por la fosa nasal derecha
y la noche
y el vino
y el cigarro
la expanden hacia la tinta
que los ignorantes
llamarán
literatura.


domingo, 4 de febrero de 2018

Neonato

Y nadie escucha mis gritos,
oídos de arcilla
me rodean.

Me consumo en el pitillo,
en los bares que pisaba.

El aullido de un parto eterno
como antesala del óbito.

Mientras tanto

el silencio.



Utópica resolución

No conozco la aleación
de las cadenas que me atan,
siento sólo el frío.

Es el metal
disolviendo la carne.

Juro que pronto,
en un tirón descomunal,
me arrancaré las muñecas.

Seré un hombre sin manos
que te toca.











Para ti

A veces te miro
como si pudieras soportar mi carga,
como si los huesos rotos de mis hombros
fuesen guardianes de la fragilidad.

Cenamos,
vemos alguna película en inglés
y Madrid se olvida de la purga.

Al aliento,
compartido y desnudo,
le da por escribir la historia.

Pero por la mañana,
mientras duermes,
la soledad vuelve a ser el templo
de los hombres que ahuyentan el miedo.

No cabe nadie en esta celda.

El café
siempre lo sirve el destierro.

Staglieno

Tengo fotos inmensas
de un cementerio
a las afueras de Génova.

Allí,
solo,
sufrí la voluntad de lo inerte,
el cómo miran los panteones,
el cómo la gloria 
necesita defenderse 
de la vegetación.

Afuera, Madrid retiene sus calles
como si no entendierais 
que lo eterno
es sólo la esencia de lo muerto.





Tuve un deseo

Quería ser inmortal,
un mineral sin talla
erosionado por mi exterior.

Quería huellas de fósil,
pisotear la memoria
de los otros.

La vanidad 
era mi herida,
el olvido la lápida,

sin relieves,

sin escritura,

sin tiempo,

sin mí.

Pero se requiere el funeral,
para firmar la historia.

No resbalamos hacia la muerte
sino al exilio.











sábado, 3 de febrero de 2018

Deseo nocturno durante el destierro

Espero que mis amigos
me perdonen lo ausente,
el silencio,

que sobrevuelen 
mi laberinto, como siempre,
que me miren desde allá,
con una pizca de lástima,
como si fuera un cachorro,
como si fuera Luis
el de la voz en cuarentena.

Que no me encierren el cariño
en una prisión de piedra
que no merezca la pena.

Soy la soledad,
la presencia en barbecho,
una sombra en la ciudad,
caminante,
testigo,
maltrecho.

Olvidante incapaz
que nunca jamás sale ileso.

Espero que mis amigos,
esta noche,
me perdonen lo demente,

y, si es posible,

el silencio.


jueves, 1 de febrero de 2018

Interrogante temporal

Nada ocupa más que un instante,
un mínimo intervalo,
un azote eléctrico.

Siento vértigo.

La altura es la corrupción
de cada segundo.

No puedo sujetar el tiempo,
es un perro enorme,
negro,
de pelo fugaz,
que me arrastra.

No comprendo su insistencia,
su carrera terca hacia adelante,
como si no pudiera esperarle,

como si su presa

no fuera yo.


Una noche cualquiera

Comienza el temblor,

en los dedos,

necesario

como una borrachera de agosto.

Mis imágenes del recuerdo
son celuloide ingrato,

un blanco y negro. 

En lo sucedido siempre llueve.

Y así escribo,

calado,

vulgar,
 
como un ladrón
de lo que me pertenece.