Espero que mis amigos
me perdonen lo ausente,
el silencio,
que sobrevuelen
mi laberinto, como siempre,
que me miren desde allá,
con una pizca de lástima,
como si fuera un cachorro,
como si fuera Luis
el de la voz en cuarentena.
Que no me encierren el cariño
en una prisión de piedra
que no merezca la pena.
Soy la soledad,
la presencia en barbecho,
una sombra en la ciudad,
caminante,
testigo,
maltrecho.
Olvidante incapaz
que nunca jamás sale ileso.
Espero que mis amigos,
esta noche,
me perdonen lo demente,
y, si es posible,
el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario