Vi esta ciudad,
con el cuerpo de un caballo bermejo,
arrancando el asfalto.
Usaba uñas de lobo,
hablaba en inglés,
corrompía a sus habitantes
susurrando al oído
un idioma desconocido.
Era un mito, esta ciudad,
en mi sueño,
matrona del parto de la indiferencia,
fugaz,
maldita.
Pensaba en ello, esta noche,
mientras bebía en el bar,
mientras escuchaba.
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