Su España,
Una,
arrojada a los carruajes,
siempre dislocada en dos,
lanceada en el calvario del hombre yermo,
de la espalda arqueada
como de un cabo,
como de una costa.
Grande,
inmensa,
vulgar,
en verde olivo,
en verde casaca,
en verde monte para los otros,
en verde tierra
de miseria recogida.
De punta a punta
la cicatriz.
Y Libre siempre,
lo sabemos,
que la mano alzada
no da más que sombra,
que la jaula es del papel
en que se escribe el grito,
nuestro grito.
Duerme allá,
duerme tranquilo.
Nunca fuiste en vano.
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