desde la popa de una embarcación en llamas,
tan azul oscuro,
tan salado como el licor del sexo perdido,
tan saldado
como las sábanas limpias en el tendedero.
recuerdo las dudas
entre arder y nadar,
recuerdo
las líneas de las yemas temblorosas,
la tinta
en regueros ebrios de final y de bares
desbordándome el costado izquierdo.
lo recuerdo.
y la madrugada bailando las notas de la cerveza,
y el papel de liar el costo de una carta
que todavía venden en algunas gasolineras.
y empezar un diario sin llave de secreto
cada dos y trece
cada madrugada.
no eras tú,
eran ellas.
y también era yo.
era yo sin el desván donde guardas mis desvaríos,
era yo sin tus bolsillos,
sin tus sueños de Alicia,
sin gato
y sin sombrero.
era yo sin esta travesía del deshielo,
congelado
en la sala de invierno de cualquier aeropuerto
de vuelos cancelados.
no lo entiendas mal,
no digo que seas mía,
quizá en parte nada más,
quizá
ésa a la que pido el rescate del secuestro de la vida
cuando salgo del trabajo,
y enciendo un cigarrillo,
y bajo la calle camino a casa
sacudiendo la rutina del jersey,
habiéndome perdido tres cuartos del cielo de Madrid
que no me perdona un jodido atardecer.
y ahora que mi musa sigue bebiendo Mahou,
y sigue sonriendo como nadie en las fotos,
y sigue quedándole mejor que a nadie
mi boina gris de aquella tienda escondida de Lisboa,
ahora
que sigue siendo tú,
conmigo o sin mí por las aceras,
no voy a poner riendas a los pechos,
ni cerraduras a los dormitorios.
pero firmo el seis de marzo sin notario
que dormiré
sonriendo a solas con tu silencio,
o contigo
a gritos de mañana.



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