Es gris,
la tarde,
pero no ése que llueve melancolía,
ni arena venida del desierto,
como dicen a veces en las noticias,
poniéndote las ventanas perdidas.
Llueve,
sí,
pero del modo en que te sale pisar los charcos,
y correr a ratos al lado del río,
y desenmascarar las máscaras de mañana obscena,
desenfocadas,
que te atan a la nuca las cajas registradoras.
Hace frío,
algo,
pero del que te baja las cremalleras del abrigo
para sacarte el calor,
podrido,
de todas las excusas que te frenan los latidos,
que enfundan las muelas sin juicio
y te achican los mordiscos.
Es gris,
llueve,
hace algo de frío,
y no me sale nada amargo que contar...
ironías,
supongo,
del destino.



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