Te me despierta una canción que vuelve del exilio,
mientras trabajo,
sin llamar a la puerta,
hambrienta,
sacudiéndose el polvo de las mangas de los kilómetros de la chaqueta,
sin emitir nota cortés de preaviso.
Te desperezas con ojos de niña,
despeinada,
cubierta de sábanas,
y yo desestimo la importancia del sueldo para salir a fumar un cigarro, secarme al sol las ganas de tu boca, y calentar la sangre fría que me sobra esta mañana para no mandarlo todo a la mierda,
ir a buscarte a la salida de clase, y ensuciar los parques de Madrid a revolcones por la hierba,
con el único fin
de sembrarte el ombligo de pecados,
y tatuarte la dirección
de los callejones menos transitados de la ciudad
para masticarnos en los portales,
porque te tengo hambre
y porque se me muere de impaciencia el cariño.
Ahora tengo que volver a entrar...
Esta noche nos follamos la rutina.



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