Ella escribe en
peristalsis,
tiene los dedos
cosidos
a bocados de
emergencia,
a veces muerde,
a dentelladas de calor
y de impaciencia,
si se pierde por
las calles su ambulancia
y a la noche
la consume esa
arrogancia
de ciudad para
invitados.
Sus renglones son
el fruto
de ganarle el
pulso a los dados,
de algunos sueños
caducos,
de correr,
de romperle las
líneas
a todas esas
legiones
que avanzan tan
intestinas,
tan venas sin
heroínas,
jodiendo las
digestiones.
Ella escribe
cuando la cama es
maula,
ella os escupe un
“que os den”
en el medio de la
veta de la tabla
donde cortáis el
pan.
Y yo,
polizón en sus
arterias,
necesito masticar,
como un enfermo,
el sabor a hueso
de su boca,
a diente,
a tibia,
a bañera caliente
con sal,
en cuanto sangra.



0 comentarios:
Publicar un comentario