Soy un yonqui del
hambre,
me sacio
entre malezas y
entrañas,
entre sinapsis
en tela de araña,
al salir de
trabajar.
Soy adicto
a las descargas
de vacío
de regreso al
coche,
a los dolores de
hueso y de noche,
a los renglones y
al pan.
Soy un yonqui del
hambre,
soy estéril,
tierra seca,
un rosal sin un
estambre
mientras camino a
casa
encogido por el
frío,
sin saber
siquiera…
sin saber cómo ha
venido.
Y detrás de la
puerta
no hay una puta
respuesta,
hay una cocina,
un sofá,
una gata
insolente
con sonrisa gris
y algo demente,
nada más.
Yo,
tembloroso hombre
menguante,
sigo temiendo a
la oscuridad
que me tapan los
libros al llegar,
ésa que está en
la pared,
que me mira
muerta de sed,
cuando busco una
página cualquiera.
Soy el virus de
la rabia en la perrera,
no digáis,
nunca,
que jamás os
avisé.



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