Imagínalo por un instante...
imagina que pudieses condensar el olor de todas las lluvias de todas las calles de Madrid en un solo cuerpo, y tumbarte a su lado para que las sábanas se caminen como aceras mojadas.
Imagina la puerta de salida de todas tus pesadillas de par en par, escondida como una gata en invierno entre las piernas.
Y un café sin azúcar que desemboca en carne y más.
Suturas y cicatrices a dos milímetros del ombligo cosidas con hilo de pescar, la arena de tus desiertos desnudándose la soledad detrás del biombo, para luego plantarse de pie(l) delante de tus miedos.
Imagina esta ciudad vacía cuando te vas a ver el mar, y los teléfonos con fiebre, y los teatros huecos de historias por contar.
¿Y aún te despiertas de madrugada buscando la última frase?



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