Tengo una gata que rehúye besos,
y la noche habitada por mercaderes de carne
que pasan por alto los huesos y al fondo
un espejo donde me miro a los labios
y pienso...
pienso en dejarte marchar
sólo por ver tus caderas moviéndose
al ritmo de mi despedida sobre tus aceras.
Y todo sería la hostia si no existieran tu boca
las tres de mi mañana
los versos de entrepierna
las playas la cerveza...
si no leyese compulsivamente poemas que no sé escribir
con el único fin
de unir tus pedazos
esparcidos
tras
la
explosión.



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