jueves, 16 de octubre de 2014

Diario de postguerra

Tengo una gata que rehúye besos, 
y la noche habitada por mercaderes de carne 
que pasan por alto los huesos y al fondo 
un espejo donde me miro a los labios 
                                                              y pienso... 

pienso en dejarte marchar 
sólo por ver tus caderas moviéndose 
al ritmo de mi despedida sobre tus aceras. 

Y todo sería la hostia si no existieran tu boca 
las tres de mi mañana
los versos de entrepierna
las playas la cerveza...

si no leyese compulsivamente poemas que no sé escribir 

con el único fin 
de unir tus pedazos 

esparcidos 

tras 

la 

explosión. 

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