El puñado de líneas de guión en Annie Hall
que te llevaron a leer "La muerte en Venecia".
Un número indeterminado de poemas en cursiva y sin ojos...
en tu caso algo más de treinta y dos.
La luna creciente,
frágil,
delgada,
allá,
una percha en papel de fumar para colgar tus pestañas.
Esquina.
Sombra.
Ombligo.
Tus dos letras en mi agenda,
una doble,
como el whisky en la barra de los tipos duros.
Aquella carta con huellas de tinta azul más un sobre mal cerrado,
sin buzón
ni parabrisas
ni matasellos.
Madrid con hielo.
Algo menos de dos meses y yo en cama,
náuseas,
indigestión de olvido,
un cuaderno en la mesilla para vomitar.
Insomnio.
Ventanas.
Cerveza y ron y tabaco
y cerveza.
Kilómetros comestibles y tú sin hambre,
coños,
piernas,
piercings sin bragas,
piel de saldo...
y yo sin hambre.
Estimado lector,
ella lo sabe,
es una mierda de palabra desembocando en su nombre.



0 comentarios:
Publicar un comentario