viernes, 17 de octubre de 2014

Arresto domiciliado

Pues la situación es ésta... 

trato de encalar las paredes y en pleno café recuerdo que me dejé la escalera en el tejado... consecuencias del impúdico salto a la acera que te vi pisar cuando decidí desempolvar mis cerraduras. 

Y claro,

se me ha quedado media fachada sucia de polución, y un par de mechones de pelo que desde aquí no llego a ver, pero deben de ser tuyos. 

Y me he vuelto más zen por no tumbarme en la esquina del salón, por cerrar el círculo de los anillos que ni siquiera se me había ocurrido regalarte. Pero me siento en posición de loto, y en lugar de inspirar me desinspiro recordando mis manos contando latigazos en tu espalda. 

Mi gurú me dice que ésa no es forma de hacer yoga.

Así que a la salida entro en Madrid por las alcantarillas, y se me abren las puertas traseras de los bares que también tienen sus mierdas, y no todo son cervezas y gente que camina, si no que existen rincones donde sacar un lápiz y definir amor de servilleta.

Y en la comisaría donde dormí anoche por destrozos en mobiliario público y pecho propio, hay un cartel de se busca. 

Han perdido un alma que follar y un cuerpo caliente para pasar el invierno.

Y los cabrones han colgado tu foto.


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