Junto a mí recibes mi herencia,
el tacto áspero de las toallas secas,
ese amasijo de espaldas
como una corona vencida
hacia la nuca.
No perderé las espinas
que navegan por mi carne,
ni la laceración.
Deja marca
la sepultura de lo pasado,
los domingos con lluvia
se visita.
No es cómodo el diván
donde me recuesto a ser
pero procuro, a veces, adecentarlo.
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jueves, 29 de marzo de 2018
Cada noche
Huyo,
caballo mínimo,
con los belfos empapados
de una saliva amarilla y densa
como de azufre.
Camino deprisa por la ciudad,
me dirijo a casa,
casi siempre
a casa.
Hogar.
Sepultura y fortaleza.
Lluvia mansa.
Mis dedos de alfeñique
juegan con las llaves que me abren la calma
y resuenan en el silencio como dioses.
En cuclillas
me cubro la cabeza con las manos
en el salón.
caballo mínimo,
con los belfos empapados
de una saliva amarilla y densa
como de azufre.
Camino deprisa por la ciudad,
me dirijo a casa,
casi siempre
a casa.
Hogar.
Sepultura y fortaleza.
Lluvia mansa.
Mis dedos de alfeñique
juegan con las llaves que me abren la calma
y resuenan en el silencio como dioses.
En cuclillas
me cubro la cabeza con las manos
en el salón.
martes, 27 de marzo de 2018
Pecado
Sentado en el balcón,
aún espero recibir una carta que me expíe,
una breve nota, quizá,
que me entregue al pasar
uno de los anticuarios de la calle.
Les miro de reojo
de vuelta de la panadería,
estudio sus manos,
sus gestos,
pero siguen lijando los muebles en las aceras
y yo huelo el barniz
como un vapor de pasado.
Fumando en el balcón,
sobre esta calle abandonada por el recuerdo,
a ratos soy consciente
de lo absurdo del tiempo,
de la espera.
Porque sé que tú,
con tu cuerpo de balsa de madera,
jamás supiste
dónde habito.
aún espero recibir una carta que me expíe,
una breve nota, quizá,
que me entregue al pasar
uno de los anticuarios de la calle.
Les miro de reojo
de vuelta de la panadería,
estudio sus manos,
sus gestos,
pero siguen lijando los muebles en las aceras
y yo huelo el barniz
como un vapor de pasado.
Fumando en el balcón,
sobre esta calle abandonada por el recuerdo,
a ratos soy consciente
de lo absurdo del tiempo,
de la espera.
Porque sé que tú,
con tu cuerpo de balsa de madera,
jamás supiste
dónde habito.
jueves, 22 de marzo de 2018
Dormitorio
Veo la ingravidez,
en esa bolsa sin ropa
sobre el armario,
desnutrida,
hundida por la ausencia
de las carreteras.
No existe el lugar,
la brújula,
la estancia,
sólo estoy yo,
arropado frente a las fotos,
impaciente,
disimulando.
en esa bolsa sin ropa
sobre el armario,
desnutrida,
hundida por la ausencia
de las carreteras.
No existe el lugar,
la brújula,
la estancia,
sólo estoy yo,
arropado frente a las fotos,
impaciente,
disimulando.
Ciudad en mudo
En un malabarismo atroz
la noche enmudece,
no existen los motores
ni el goteo de la espera
desde las cornisas.
Nace la pausa
como un tallo a destiempo,
coronado de vapor,
recto,
una rama estéril.
El desdén de la cerradura
en su giro opaco de silencio
me describe.
Hay un portal
enfermo de escalones.
Fotografié un tronco varado,
una vez,
en la playa de Bares,
rodeado de abismo,
con los pies calzados,
en tierra.
la noche enmudece,
no existen los motores
ni el goteo de la espera
desde las cornisas.
Nace la pausa
como un tallo a destiempo,
coronado de vapor,
recto,
una rama estéril.
El desdén de la cerradura
en su giro opaco de silencio
me describe.
Hay un portal
enfermo de escalones.
Fotografié un tronco varado,
una vez,
en la playa de Bares,
rodeado de abismo,
con los pies calzados,
en tierra.
miércoles, 21 de marzo de 2018
Definición de texto propio con vocación poética
La huida del hostigado,
un costillar a la intemperie,
una patada en los huevos autoinfligida,
una farsa,
un intento vano.
Y además un quiebro,
un regate en el área chica,
una excreción con cierta clase.
No es nada.
Un tugurio al que nadie tiene entrada,
donde cada vaso
servirá para cortar y no lo sabe.
No hay barman aquí
que me pase la bayeta por la barra,
sólo un acceso simple
a la tiniebla o al reposo
que no me atrevo a enmudecer todavía.
un costillar a la intemperie,
una patada en los huevos autoinfligida,
una farsa,
un intento vano.
Y además un quiebro,
un regate en el área chica,
una excreción con cierta clase.
No es nada.
Un tugurio al que nadie tiene entrada,
donde cada vaso
servirá para cortar y no lo sabe.
No hay barman aquí
que me pase la bayeta por la barra,
sólo un acceso simple
a la tiniebla o al reposo
que no me atrevo a enmudecer todavía.
domingo, 18 de marzo de 2018
Noche de insensatez mental que se cierra con Loquillo
Quise, desde los trece,
emborracharme en el Bermeyé,
tocar con dedos vírgenes,
ser atravesado por ese sonido
como de curva.
Arrojé al vacío la adolescencia
buscando en los puestos del rastro una canción,
una bandera pirata,
el agarre astillado de las uñas,
la salvación.
Quise,
una vez,
ir a L.A.
Me siguen fascinando,
como a un crío,
las calles que no he pisado,
Sunset Boulevard,
cualquier puente de Berlín,
la vereda de tu puerta inconclusa.
Robé de la radio un tema,
clandestino,
tras la niebla,
pero sigo aquí
sentado.
emborracharme en el Bermeyé,
tocar con dedos vírgenes,
ser atravesado por ese sonido
como de curva.
Arrojé al vacío la adolescencia
buscando en los puestos del rastro una canción,
una bandera pirata,
el agarre astillado de las uñas,
la salvación.
Quise,
una vez,
ir a L.A.
Me siguen fascinando,
como a un crío,
las calles que no he pisado,
Sunset Boulevard,
cualquier puente de Berlín,
la vereda de tu puerta inconclusa.
Robé de la radio un tema,
clandestino,
tras la niebla,
pero sigo aquí
sentado.
viernes, 16 de marzo de 2018
Aquí
Es cuando regreso a casa
en esta madrugada de marzo
congelada,
cuando camino las calles translúcidas,
vacías,
ausentes,
como si cruzara el escenario de un crimen
que se acaba de cometer.
Es cuando levanto la mirada
y veo las nalgas blancas de los balcones
sentadas en corro
en este monte sin barro,
cuando la luz mecánica de la ciudad
ilumina las nubes
que desfilan por esta hendidura miserable,
como sudarios
en su vagar castrense
de galón y de sombra.
Es ahora,
cuando el tiempo es inmenso
como una arruga,
aquí,
con el luto de los taxis,
con la humedad ebria de la orina de los desubicados
abandonada en los chaflanes,
ahora,
en este momento
que recoge lo absurdo de mis talones
repicando en los portales,
que no llevo más que mi ceniza en los bolsillos
junto a un par de monedas.
Es en este momento místico
como el reclamo del afilador
asomándome a la ventana de mi abuela.
En este instante,
digo,
no cambiaría mis ojos
por vuestro par de piedras.
en esta madrugada de marzo
congelada,
cuando camino las calles translúcidas,
vacías,
ausentes,
como si cruzara el escenario de un crimen
que se acaba de cometer.
Es cuando levanto la mirada
y veo las nalgas blancas de los balcones
sentadas en corro
en este monte sin barro,
cuando la luz mecánica de la ciudad
ilumina las nubes
que desfilan por esta hendidura miserable,
como sudarios
en su vagar castrense
de galón y de sombra.
Es ahora,
cuando el tiempo es inmenso
como una arruga,
aquí,
con el luto de los taxis,
con la humedad ebria de la orina de los desubicados
abandonada en los chaflanes,
ahora,
en este momento
que recoge lo absurdo de mis talones
repicando en los portales,
que no llevo más que mi ceniza en los bolsillos
junto a un par de monedas.
Es en este momento místico
como el reclamo del afilador
asomándome a la ventana de mi abuela.
En este instante,
digo,
no cambiaría mis ojos
por vuestro par de piedras.
miércoles, 14 de marzo de 2018
Tres
Pasó el trece de marzo,
de nuevo puntual,
de doce a doce,
estricto
como un encerado de posguerra.
Hay más silencio, eso sí,
una ciudad distinta,
una taza de lata para la cerveza,
un basurero trabajando a medianoche
allá en la calle.
Pero las revoluciones siguen muertas.
Quisiera levantarme como cuando niño,
impasible a la grava de la carretera,
agarrar como si nada la bicicleta,
con las rodillas en carne viva,
y volver a casa para la cena.
Reabrir mis mapas
como si fueran, otra vez, el alma de la tierra.
Ha pasado el trece de marzo,
de nuevo puntual,
estricto,
sin tus manos en mi trinchera.
de nuevo puntual,
de doce a doce,
estricto
como un encerado de posguerra.
Hay más silencio, eso sí,
una ciudad distinta,
una taza de lata para la cerveza,
un basurero trabajando a medianoche
allá en la calle.
Pero las revoluciones siguen muertas.
Quisiera levantarme como cuando niño,
impasible a la grava de la carretera,
agarrar como si nada la bicicleta,
con las rodillas en carne viva,
y volver a casa para la cena.
Reabrir mis mapas
como si fueran, otra vez, el alma de la tierra.
Ha pasado el trece de marzo,
de nuevo puntual,
estricto,
sin tus manos en mi trinchera.
viernes, 9 de marzo de 2018
Inactividad en falso soneto
Aletargado, como el vino de reserva,
como el tronco de traviesa de la vía,
como el cura que da misa y fuma hierba
o esa tarde del placer, cuando llovía.
Me arropa la estampida de la arena
del reloj que vuelco a ratos, que respira,
que me manda los delirios a la trena,
que me quema los recuerdos en su pira.
El tiempo me desnuda los harapos,
me deshago en el aquí y en tela muerta,
se me cubre el colchón con tantos trapos
y, manchado del sudor que no despierta,
soy una página infestada de gazapos,
una mentira cabal... que no fue cierta.
como el tronco de traviesa de la vía,
como el cura que da misa y fuma hierba
o esa tarde del placer, cuando llovía.
Me arropa la estampida de la arena
del reloj que vuelco a ratos, que respira,
que me manda los delirios a la trena,
que me quema los recuerdos en su pira.
El tiempo me desnuda los harapos,
me deshago en el aquí y en tela muerta,
se me cubre el colchón con tantos trapos
y, manchado del sudor que no despierta,
soy una página infestada de gazapos,
una mentira cabal... que no fue cierta.
sábado, 3 de marzo de 2018
Lo minúsculo
Como si sólo lo minúsculo
tuviese derecho a ser protegido,
los perros pequeños de Madrid,
en esta semana de lluvia,
caminan con abrigo.
Desentonan sus chubasqueros rojos
en la ciudad
y en este sábado en que cielo y calle
tienen el color de las palomas.
Estoy ventilando la casa,
con el balcón abierto
como limpiando los interiores de la congoja.
Casi he olido la tierra empapada
del jardín que bordeamos otro marzo.
Pero los coches,
los gatos,
las ambulancias, enmudecen mi queja,
la retuercen,
la condenan a ser
una enorme lágrima de cera.
No será aquí,
frente a este horizonte de cemento y dentadura,
donde encontrará la tela
para protegerse.
tuviese derecho a ser protegido,
los perros pequeños de Madrid,
en esta semana de lluvia,
caminan con abrigo.
Desentonan sus chubasqueros rojos
en la ciudad
y en este sábado en que cielo y calle
tienen el color de las palomas.
Estoy ventilando la casa,
con el balcón abierto
como limpiando los interiores de la congoja.
Casi he olido la tierra empapada
del jardín que bordeamos otro marzo.
Pero los coches,
los gatos,
las ambulancias, enmudecen mi queja,
la retuercen,
la condenan a ser
una enorme lágrima de cera.
No será aquí,
frente a este horizonte de cemento y dentadura,
donde encontrará la tela
para protegerse.