Quise, desde los trece,
emborracharme en el Bermeyé,
tocar con dedos vírgenes,
ser atravesado por ese sonido
como de curva.
Arrojé al vacío la adolescencia
buscando en los puestos del rastro una canción,
una bandera pirata,
el agarre astillado de las uñas,
la salvación.
Quise,
una vez,
ir a L.A.
Me siguen fascinando,
como a un crío,
las calles que no he pisado,
Sunset Boulevard,
cualquier puente de Berlín,
la vereda de tu puerta inconclusa.
Robé de la radio un tema,
clandestino,
tras la niebla,
pero sigo aquí
sentado.
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