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sábado, 3 de marzo de 2018

Lo minúsculo

Como si sólo lo minúsculo
tuviese derecho a ser protegido,
los perros pequeños de Madrid,
en esta semana de lluvia,
caminan con abrigo.

Desentonan sus chubasqueros rojos
en la ciudad
y en este sábado en que cielo y calle
tienen el color de las palomas.

Estoy ventilando la casa,
con el balcón abierto
como limpiando los interiores de la congoja.
Casi he olido la tierra empapada
del jardín que bordeamos otro marzo.

Pero los coches,
los gatos,
las ambulancias, enmudecen mi queja, 
la retuercen,
la condenan a ser
una enorme lágrima de cera.

No será aquí,
frente a este horizonte de cemento y dentadura,
donde encontrará la tela
para protegerse.




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