La huida del hostigado,
un costillar a la intemperie,
una patada en los huevos autoinfligida,
una farsa,
un intento vano.
Y además un quiebro,
un regate en el área chica,
una excreción con cierta clase.
No es nada.
Un tugurio al que nadie tiene entrada,
donde cada vaso
servirá para cortar y no lo sabe.
No hay barman aquí
que me pase la bayeta por la barra,
sólo un acceso simple
a la tiniebla o al reposo
que no me atrevo a enmudecer todavía.
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