Aletargado, como el vino de reserva,
como el tronco de traviesa de la vía,
como el cura que da misa y fuma hierba
o esa tarde del placer, cuando llovía.
Me arropa la estampida de la arena
del reloj que vuelco a ratos, que respira,
que me manda los delirios a la trena,
que me quema los recuerdos en su pira.
El tiempo me desnuda los harapos,
me deshago en el aquí y en tela muerta,
se me cubre el colchón con tantos trapos
y, manchado del sudor que no despierta,
soy una página infestada de gazapos,
una mentira cabal... que no fue cierta.
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