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viernes, 16 de marzo de 2018

Aquí

Es cuando regreso a casa 
en esta madrugada de marzo
congelada,
cuando camino las calles translúcidas,
vacías,
ausentes,
como si cruzara el escenario de un crimen 
que se acaba de cometer.

Es cuando levanto la mirada
y veo las nalgas blancas de los balcones
sentadas en corro
en este monte sin barro,

cuando la luz mecánica de la ciudad
ilumina las nubes
que desfilan por esta hendidura miserable,
como sudarios
en su vagar castrense
de galón y de sombra.

Es ahora,
cuando el tiempo es inmenso
como una arruga,
aquí, 
con el luto de los taxis,
con la humedad ebria de la orina de los desubicados
abandonada en los chaflanes,

ahora,

en este momento
que recoge lo absurdo de mis talones
repicando en los portales,
que no llevo más que mi ceniza en los bolsillos
junto a un par de monedas.

Es en este momento místico
como el reclamo del afilador
asomándome a la ventana de mi abuela.

En este instante, 
digo,
no cambiaría mis ojos
por vuestro par de piedras.








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