Me ocurre a veces,
comienza en el costado izquierdo,
sin síntomas previos,
con motivo aparente,
sin luces parpadeantes en el salpicadero.
El aire que me rodea es un jersey demasiado pequeño,
un regalo de navidad sin talla
comprimiendo el pecho.
La habitación se vuelve incómoda,
fría,
los ojos buscan sin darse cuenta algo de escarcha en las paredes
y las muy putas se estrechan.
Es un ajuste de cuentas de callejón a oscuras,
un recibo sin pagar,
un asunto pendiente,
una puñalada una deuda un dolor de riñones,
un tu ausencia en pantalla grande
para tocar los cojones.
Y así está siendo diciembre,
yo buscando una farmacia de guardia para comprar aspirinas
o algún chute narcótico que me ayude a dormir,
sin receta,
sin ti.
Una comisaría donde denunciar tu recuerdo
por acoso sin derribo.



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