jueves, 28 de agosto de 2014

Semidemencia

Lo más duro de perderte es perderme a mí cuando estaba contigo, y despertarme por las mañanas sabiendo que no usaré más tu cuerpo como pan para el desayuno, y la soledad en la punta de la lengua, y... 

No sé en que momento estúpido se me ocurrió hacerme un corte en la garganta para dejar de hablar, y afiliarme al silencio por automutilación de adjetivos, y de posesivos. La consecuencia es que tengo la colada llena de verbos sucios pornomentalmente hablando que no dejan de gritar, y un pecho en liquidación por traslado a quién sabe dónde. Y el cabrón no tiene ganas de mudarse y, heroicamente, se vacía al pormenor sin regateos.

Así que no me pidas que no tiemble cuando voy al supermercado con los pulmones de saldo, porque Brugal y Negrita comparten pasillo, y si te encuentro por descasualidad o causalidad evitable, qué carajo voy a contarte con la garganta en sección, si yo ya no soy yo cuando estaba contigo. 

¿Con qué vestimos la educación si lo que me apetece es follarte?

Y vuelta al insomnio de flashbacks por la espalda, y a cambiar algo de pena por apetito, y a menguar a base de pensamientos dislocados que disfrazo de renglones en pantalla, y a toda esa mierda que ya no me manchaba, o me manchaba menos, desde que supe que tú eras tú entrando por la puerta y yo fui yo sin convalecencias. 

Te / me / nos echo de menos reconstruyendo costillas y ojeras.




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