supongo que fue eso,
bajo farolas encendidas
y madrugada,
aparcado junto a la acera
por la que regresaban
todos
menos tú.
los ojos cerrados
como cristales rotos,
y los huesos
palabras,
y lágrimas de combustible
para arrancar el motor
calado de frío.
y un volante,
claro,
para perderme en tu dirección,
y el freno
de tus manos.
letras apretadas
en tinta negra
y un sobre blanco
como tratamiento
contra el dolor de estómago,
y la borrachera,
y la soledad.
una nota de suicidio
de nosotros
en tu parabrisas
a las cinco de la mañana,
o,
simplemente,
yo sin ropa
y sin carne
y sin tú
para calentarme.
un instante,
un grito,
un orgasmo de ausencia,
un polvo mental
a empujones de palabras
contra tu cristal.
mi demolición,
supongo que fue eso.



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