Supongo que el insomnio
no es más que mi mente en guerra
para evitar pasar por los sueños de puntillas.
Supongo que,
cuando se rinde,
ya no le quedan fuerzas para defenderme de las pesadillas.
Y ya no hay barreras,
y siempre te sueño de lejos,
y te veo allá,
y mueves los brazos,
y un momento después
son las manecillas de un reloj que me saco del bolsillo,
y ya no eres tú
si no un goteo de partes de ti que desaparecen.
Me joden las sonrisas como efecto secundario,
también me duele una muela
y el sudor del maldito agosto.
(Anoche llevabas un vestido negro, y estabas jodidamente guapa.)



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