Creen que la escritura
es una revolución cobarde,
un puño que no empuña,
un sonido
huérfano de boca.
Ignoran el clamor
de un solo hombre,
desconocen
su voluntad de plaga,
su terca extremidad de pensamiento,
su descarada violencia
contra el pecho.
Y así caminan,
el niño que fue de vísceras transparentes
se construye, ahora,
una barriga de piedra.
Mientras tanto yo escribo,
huérfano de boca empuño,
ignorado clamo, alguna noche,
renglones de un gris decidido,
como si pudiera
o como si viera la sangre de mi hermano
desparramarse por la tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario