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viernes, 31 de marzo de 2017

Breve nota a la política y el pueblo español.

Es su estirpe,
es el tóxico maná de su laringe,
es su lengua bañada en baba
mamando de la teta consistorial.

Y también son sus manos,
como implantes de falacia,
continentes del anillo
de esta nueva aristocracia de cenagal.

Y es España,
orgullosa e ignorante,
plagada de traficantes
de la simpleza universal,

que no despierta.

Y es esta conciencia muerta
paseando por las calles,
borracha en todos los bares
de polvo y para qué más.

Son los matarifes
jaleados por los cerdos,
la victoria de los cuerdos
en su desierto moral.

Y es la barriga llena,
vivir sin gloria y sin pena.

Es la anestesia del pan.

Y también es su estirpe y la nuestra,
el deseo vacío a la diestra.

Somos nosotros.

Tal cual.



viernes, 24 de marzo de 2017

Profecía

Derrocaremos sus sexos inconexos,
no nos hallarán en las batidas
del miedo y el homicidio mental.
Capitularán sus reinos,
sin luto y con las hogueras
y el cañón a las troneras,
en un sepelio brutal.

Y después
veremos germinar sobre sus restos
la piel de nuestras maletas,
de las carreteras, 
de la traquea seccionada
de todos los falsos profetas,
criadores 
de los perros de la infamia,
adalides 
de la absurda monogamia intelectual.

Despertará el humillado frente al humilladero,
se calzará con la bota del carcelero

y seremos nosotros.

Nadie más.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Embustera

La primavera,
creedme,
nos esculpe un cementerio.

Los campos no son los campos
son los túmulos del tiempo 
y aquellas flores tan blancas,
tan blancas como lo enfermo,
sólo son los crisantemos
que vuestros ojos confunden,

son homenaje de muerto.

La primavera,
miradla,
es la escala hacia el destierro.

lunes, 20 de marzo de 2017

Patibulario

Cuelgo,
necio ahorcado,
de un instante.

Mis pies se tambalean
sobre el abismo que me paraliza.

Noto la cuerda,
áspera despedida,
deteniendo el flujo de oxígeno.

Me tambaleo
como la araña que se traga el tiempo,
voraz,
allá en su hilo.

La inmovilidad de mis manos
es consecuencia de la ventana yerma,
del páramo visual
inundado de arena.

Ya no sé leer las horas

ni la escarcha.

Peso medio

Embutido en la existencia,
varado en la entidad,
corpóreo
como una rapaz oscura,
me tumbo en el sillón
para ver cómo mis gatos boxean.

Aún no han sacado las uñas,
sólo practican
la pelea.

Achique

Cuando se escancie 
la última gota de mi sangre,
será el olvido bastardo
el que la trague.

Cruzará el polvo
las aceras de mi calle
y allá donde fui
no seré nadie.

No habrá honor a mi apellido,
ni una pluma muerta,
con tintero, 
para nido.

Cuando se escancie 
la última gota de mi sangre,
seré el esperma infecundo
en el vacío.



Equipaje

Hay humildes surcos encarnados
en la espalda del viajero.
En el pecho 
una fina gotera de sangre
diagonal.

Su huella,
úlcera infectada en el camino,
supura hielo 
y tiempo
y luto 
y vino.

No hay descanso,
compañero,

sólo queda caminar.







miércoles, 8 de marzo de 2017

In natus

Nací avergonzado,
un ovillo de carne pálido,
y al primer grito 
lo alimentó el pánico.

Con mis manos de niño
construí la estructura de mi cárcel,
mi lengua virgen,
la palabra primera,
os vetó la entrada.

Estáis fuera.

No conoceréis el tacto de mi niebla,
su sombra lechosa,
la materia líquida,
suspendida,
que le da forma.

Vuestro asfalto
no conduce a dónde habito,
ni vuestras orgánicas córneas
leyendo lo que escribo,
ni mi amasado aliento,
saturado de lenguaje,
que le escupo a vuestro oído.

Duermo en la frontera
de la inexistencia.

Ojalá
pudierais tocarme.



martes, 7 de marzo de 2017

Oblivium

No le temo a la muerte,
al moho amargo de la calavera,
a la ausencia de lo ausente
perfilándome las cuencas.

Tampoco a la porosa esponja,
al hueso muerto
de las tibias muertas,
ni a los dedos retorcidos
ni al no ser 
ni a la caverna.

La sombra del cuerpo solo,
dislocado allá en la tierra,
ese reloj destripado
en sus finísimas muñecas, 

no significan nada

para mí.

Yo le temo a la noche,
al cauce seco y hostil
de la madrugada.

Y le tengo miedo a mi nombre

y a su ceniza.


miércoles, 1 de marzo de 2017

In aeternum

Permanece.

No escuches la llamada de la inexistencia.

No sucumbas
ante la desaparición.

Sé un recuerdo inhóspito 
en la memoria del Caos.

Permanece.

Apártate de tu destino,
que no te sellen el impreso
en la ventanilla del olvido.

Horrorízales.

Que se jodan ante tu desnudo.

Que sepan.

Pre scriptum

Escribe, monstruo silente,
deja salir la rabia,
no estrangules las palabras
antes del primer boqueo,
del primer oxígeno
en el pulmón,

antes
de la garganta abierta.

Serán larvas,
te tunelarán las entrañas,
el sol
no se asomará a sus galerías.

Nunca.

Escribe,
bestia silente,
que les sangren los ojos con la verdad,
que la pupila sea
la entrada de la caverna.

Enciende las hogueras.

Ilumina la noche.

Esperante

El esperante se recuesta sobre la memoria 
como en un jergón de pluma, 

cubre de niebla el derredor, 
se ciega los sentidos, 
yace en su lecho.

El esperante se cubre de hojas muertas,
un paño ocre contra el frío,
contra el reloj vacío.

Es el rehén insurgente del tiempo 

soldado a las cadenas.

Orientis

La batalla está en el Este.
El invicto degollará la noche
a eso de las seis,
la rasgará
como un sable a las entrañas.

La guerra
está en el Este
y en la madrugada.

Poblad las calles,
izad velas opacas como la pared.

Que se detenga.

Mantenedlo en el exilio.

Hystera

Sus uñas rascan el suelo
en la penumbra.

Oigo su respiración.

Veo su pelo,
negro sobre negro,
sus colmillos como lanzas
en las manos del soldado.

Qué oscura infantería
atenta a los reclamos del tambor.

No hay bandera blanca
cuando se acerca la sombra.

No hay motín
en el ejército que embosca.

Es el hambre
el que llama a la puerta,
son los brazos famélicos y cansados
los que girarán el picaporte.

Entra,

no te enfríes,

es tibio
el útero de la soledad.

Pródigo

Enterradme boca abajo,
dejad que las raíces
reclamen el pago de su deuda,
dejadme
cara a cara con la sombra.

Dejadme.

Que las hormigas devoren
la carne que les pertenece.

Así ha de ser.

Si hay dolor,
si hay lágrimas,
que sirvan para alimentarme
como el saco de monedas
a la avaricia del traidor.

Renegué de la tierra
como un niño del padre.

Yo detuve la caída con los dientes,
yo sangré mi sangre
con marfil.

Dejadme.

Entregadme el retorno a la piedra,
su mirada de ojos grises y curvos,
su torso de arista,
el filo
de lo inerte.

Entregadme a mi madre contra el pecho,
húmeda de asombro y gratitud
ante el hijo que regresa.

Dos velas y un incienso
a vuestros dioses,

al mío el cuerpo 

y el abismo.

Muscidae

Pertenezco a las calles
como las arañas a la muerte,
como las moscas,
gruesas,
atiborradas,

a la descomposición.

Deconstrucción

Y escribió el vagabundo
por la ausencia de calor

y sus caminos se reunieron
en un ovillo de serpientes

y esparcieron la ponzoña del final
por todas aquellas paredes 
de roca,
por las aceras,
por los abrigos,

y cuando llegó el alba

ya no era.

Salvador

El final viene a visitarme
cada noche.
Lo veo apoyado en el quicio,
con los brazos cruzados,
con la media sonrisa del héroe.

Camina ante mí 
cuando conduzco al trabajo,
cuando voy de compras.

Me observa
mientras me masturbo.

Cuando me desnudo,
él lo hizo antes.

Tiene ojos grises.

Tiene dedos grises.

Es el Cristo
que me salvó de la ceguera.

Homo noctámbulo

El sueño se amotina en su madriguera,
muestra
sus fauces abiertas,
la baba de odio
desbordando los colmillos.

No puedo acercarme,
su mordisco me matará,
es la puerta de entrada
a la barbarie,
con aldabas de marfil,
de diente.

No debo dormir.

La pesadilla me espera
asomada a su torre negra.
Alcanzo a ver su sonrisa 
de tiniebla,
su dedo gris que me señala.

Su voz de cuervo
no olvida mi nombre.

¿Dónde se oculta la luz
en la miseria de la noche?

No debo dormir.




Homo novus

Y el aciago demiurgo, tentador de tentaciones, se recostó y encendió un cigarrillo para contemplar su obra.

Y vio que su obra era buena.

El hombre, bestia ignorante, fue caníbal de su propia carne, parásito en sus tripas. Alimentábase de los desechos de las digestiones, del fermento oloroso y podrido que circula por las cavernas animales de su intestino delgado.

Y vio que su obra era buena.

Y las ciudades apestaban a tabaco y a ron, a barriga cebada, a ingratitud y a parsimonia y a gris. Y las cubría su propia mortaja. Y el cemento tuvo al fin su impostora alma de garganta irritada y tosía y tosía y tosía, y de sus esputos viscosos, de un suave color marrón, comían las ratas, y aprendieron a andar a dos patas, y a discutir en tertulias afinadas sobre filosofía barata, y a jugar al póquer con sus nuevos pulgares.

Y vio que su obra era buena.