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miércoles, 1 de marzo de 2017

Homo noctámbulo

El sueño se amotina en su madriguera,
muestra
sus fauces abiertas,
la baba de odio
desbordando los colmillos.

No puedo acercarme,
su mordisco me matará,
es la puerta de entrada
a la barbarie,
con aldabas de marfil,
de diente.

No debo dormir.

La pesadilla me espera
asomada a su torre negra.
Alcanzo a ver su sonrisa 
de tiniebla,
su dedo gris que me señala.

Su voz de cuervo
no olvida mi nombre.

¿Dónde se oculta la luz
en la miseria de la noche?

No debo dormir.




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