Tengo la intención,
cada vez que escribo,
de modificar el lamento
en algo más grave,
en algo más tenue,
en algo más.
O quizá la ira
o la aspereza de la arena
o la broma
o esos capilares
por los que migra la sangre
a los confines de un cuerpo.
Tengo la intención,
cada vez,
del aplauso ajeno o propio,
como todos vosotros.
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