Me erigiré en místico elemento,
nutriente del barro,
abriré las cervezas
con un chasquido corazón
y pulgar.
Alabaré en carnívora alabanza
la inmediatez de mis gatos,
su ronroneo satisfecho
ante el fin de la falacia.
Santificaré los platos
al morir el día,
inmaculados custodios
del cadáver de la estupidez
y brindaré embriagado
por el futuro, cada instante
en que un vegano pródigo,
coño,
coma carne.
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