Pisé una vez,
en pleno verano,
la plaza de la Bonanova.
Buscábamos un iPod azul,
pequeño,
con el sudor a cuestas.
Hace ahora quince años
de aquello,
quince años de mí
bajo el Tibidabo,
de mí
tras mi fantasma,
galvanizado y azul
como los ahogados.
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