Contadles que me conocisteis.
No dejéis que me aniquile
el polvo de la partida.
Decidles que fui,
que por la noche escribía
para esconderme del espanto,
que tuve ojos claros
y labios grises como de fantasma
cuando le nacieron las gárgolas
a cada azotea
de la ciudad.
Decidles la verdad,
que guardaba ya bajo las uñas
la tierra,
que caminaba encorvado,
que temía la oscuridad de los tejados.
Decidles
que se me quebraron las sombras
aquella madrugada
que ya nadie nombra,
que tuve cuerpo,
un par de gatos
y una leve cortesía de anfitrión
con la tristeza.
Contadles que me conocisteis.
No dejéis que me sepulte
el olvido mediocre
de la intrascendencia.
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