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sábado, 3 de junio de 2017

Desde la cama

Un hombre escuálido,
de barba sideral,
con hechuras de desaliño,
me señala desde la balda tercera
de la estantería.

Te escondes, cabrón,
murmura,
su bisbiseo de culebra y poción
me tortura el tímpano.

Te condeno 
a la invidencia ajena,
al chaparrón a solas,
te condeno a la condena 
del cristal,

al hielo 

y la transparencia.

Te escondes, cabrón,
repite y susurra,
y su aliento apesta a corrupto,
a habitación,

a mierda 

y a usura.

Tiene boca de jurista,
de llevar tiempo tras mi pista
y las uñas de yeso
por rascar en mis paredes.

Me escondo, cabrón,

sí,

es así como sucede.











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