Se me concedió el don
del vacío irresoluble,
un hogar desordenado,
un horrible feng shui,
una letrina en guerra e insalubre.
Como una bestia de carga,
exhalo en cada bufido
la impotencia
y el terror.
Hay gigantes
en la vigilia descomunal
de la madrugada,
me concedieron el don
de la pregunta perpetua
y de la nada.
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