domingo, 22 de mayo de 2016

Impostor

Dentro,

muy adentro,

reyes del vocabulario marchito
me acosan mientras duermo.

Su saliva me gotea
en el oído libre de la almohada.

“No eres nada…

no eres nada…”,

me susurran en su letanía.

Yo dormido,
entre gritos de cuerda rota y afonía,
no les puedo contestar

y menos,

mucho menos,


amanecer todavía.

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