Nosotros,
los guijarros del
camino
que les hieren
los pies,
las cuentas del
rosario
que exprimen a
diario
con sus dedos que
apestan
a vulgaridad.
Nosotros,
los esquivos
leprosos,
los apartados,
los enfermos,
los manos arantes
de sus campos yermos,
que prefieren no
mirar.
Los cabrones
medio locos,
nosotros,
conscientes de la
más estricta soledad.
Amantes por
etapas
de la psicotropía
mental,
inventores de
palabras
por la más pura,
por la más puta,
necesidad.
Los amantes de
las calles olvidadas
que ellos no
caminan jamás,
nosotros,
asesinos de los
marcos de las fotos
que les da por
enseñar,
ovejas
deslenguadas que se cagan
en los alambres
de espino,
en el sangrante
destino
de las
alambradas.
Nosotros,
elementos de un
conjunto individual
cuando a la noche
no le queda más
encaje
que el que ellos
necesitan desnudar.
Nosotros
rara vez uniremos
nuestros pasos.
Esa es la raíz de
su tragedia,
la suya,
sólo suya,
nunca nuestra.



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