domingo, 22 de mayo de 2016

Impostor

Dentro,

muy adentro,

reyes del vocabulario marchito
me acosan mientras duermo.

Su saliva me gotea
en el oído libre de la almohada.

“No eres nada…

no eres nada…”,

me susurran en su letanía.

Yo dormido,
entre gritos de cuerda rota y afonía,
no les puedo contestar

y menos,

mucho menos,


amanecer todavía.

A ésos, a los que llaman extraños

Nosotros,
los guijarros del camino
que les hieren los pies,
las cuentas del rosario
que exprimen a diario
con sus dedos que apestan
a vulgaridad.

Nosotros,
los esquivos leprosos,
los apartados,
los enfermos,
los manos arantes de sus campos yermos,
que prefieren no mirar.

Los cabrones medio locos,
nosotros,
conscientes de la más estricta soledad.

Amantes por etapas
de la psicotropía mental,
inventores de palabras
por la más pura,
por la más puta,
necesidad.

Los amantes de las calles olvidadas
que ellos no caminan jamás,
nosotros,
asesinos de los marcos de las fotos
que les da por enseñar,
ovejas deslenguadas que se cagan
en los alambres de espino,
en el sangrante destino
de las alambradas.

Nosotros,
elementos de un conjunto individual
cuando a la noche
no le queda más encaje
que el que ellos necesitan desnudar.

Nosotros
rara vez uniremos nuestros pasos.

Esa es la raíz de su tragedia,

la suya,

sólo suya,

nunca nuestra.


sábado, 21 de mayo de 2016

Lázaro

Vengo de la oscuridad,

del inframundo,

de las aristas de roca.

Vengo
de enjuagarme la boca
en ácido de digestiones
de basura intracraneal.

Vengo de callejones,
de tercas mutilaciones de pensamiento,
de llorar
aparcado en cualquier aparcamiento
de un vil centro comercial.

Vengo de la caída y del lamento,
del empacho del cemento
de esta maldita ciudad.

Vengo
en mi segundo advenimiento,

coño…

no me queda nada mal.


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