miércoles, 14 de diciembre de 2016

Feliz Navidad

Y mientras tanto,

en el subsuelo,

en el submundo,

las ratas recorren los pasillos.
Con restos de espumillón negro
le ponen jergón a los nidos,
mastican 
las sobras de la Nochebuena.

Y el viejo del Pez se muere de pena
que el veinticuatro le cierran el cementerio,
que no hay respeto a la cuarentena,
que nunca jamás pisó el adulterio
y que ella,
desde siempre,
desde el hambre,
desde el vientre,

ella,

dice,

ella siempre estuvo en la cena.

Y a aquel nene que llora
le falta una barriga llena
y un tesoro en la basura.

Que la madrugada es dura
para la nostalgia del pobre,
por mucho pan que a otros sobre,

y fría. 

Y la ciudad con su letanía,
va manchando los ojos de luz,
ramera del nuevo día.

Y mientras tanto,

dede el subsuelo,

desde el submundo,

la rata asoma el hocico y la pereza,
hinchada de desperdicios,
ignorante
del vacío y la tristeza,
observa sus regalos,
grita a su prole
y su prole se endereza
y muerde los cartones,
presa de alucinaciones,
atiborrada de espanto

y ciega…

Y la desvergüenza es frenesí,

como en todos

y cada uno


de los inviernos en Madrid.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Contienda

El peatón errante camina en gris,
el asfalto es la madre de la bruma,
la ciudad de los colmillos es Madrid,

vientre y noche, 

cerveza y cuna.

Dormiré a cubierto en sus callejones,
blanco insecto mutilado.

No me toquéis.

El gigante perderá los aguijones
cuerpo a cuerpo,

mano a mano.

Cuando regrese,
cuando no tenga nombre,
cuando no tenga voz ni trinchera ni brazos,

dejadme,

no me toquéis,


dejadme cubierto de barro.

martes, 6 de diciembre de 2016

Decidme

Los muertos gritan
con sus pechos aplastados
por la tierra que les cubre.

Su boca,

su lengua,

su garganta de cadáver nos reclama.

Y arriba, 
en la superficie,
en la decadencia,
la vanidad de la carne compacta,
de la sangre en caliente y en marcha,
ha olvidado los tambores.

¿Dónde estáis?


¿Sobre qué revolución dejáis las flores?

domingo, 27 de noviembre de 2016

Maitines

Espera el colchón,
abrevadero de sombras
que beben y mientras beben,
afuera,
la ciudad llora su noviembre.

Si quieres justicia, me dice,
muéstrale el cuello al verdugo,
duerme dispuesto y desnudo

allá en el colchón,


abrevadero de sombras.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Ad inferos

Estuve en el infierno a medianoche,

era desierto,

era blanco,

con dunas de polvo de hueso,
con huellas de mí, caminando,
y me empapaba la niebla,
densa
como esperma de dioses pensados.

Estuve en el infierno a medianoche,
era blanco de sol blanco,

estuve solo,

guerrillero en mi guerra,


guerra de un solo bando.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Breve nota al miedo

Destrozaré las columnas de tus templos,
no te velaré,
no eres mi muerto.

Esta noche
tu calavera
será separada de tu cuerpo.

Saluda al ataúd de tu esperpento,
está aquí,
aquí sentado,
y tiene manos y soy yo y tiene aliento.

Mírame bien y dime, 

cabrón,


dime si miento.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

A todos ellos

Vagad la noche,
criaturas abandonadas.
Descerrajadle dos tiros al dolor 
y por la espalda.

Morid la noche, 
criaturas muertas.
Arrancadle los dedos 
a los cuerpos que se ofendan,

que no os señalen,

arrastraos,

que no os vean.

Bebed la vanidad de la derrota,
que no quepa en la garganta ni una gota
del trago de la vergüenza. 

Derrocad al que niegue la penitencia
y luego arrastraos,

que no os venzan.

Cuando se pudran,
cuando perezcan con sus dientes amarillos,
cuando la mosca les devore los tobillos,
cuando perezcan,

inmóviles,

callados,

cuando no venzan,

la historia, 
amigos míos,


la historia será vuestra.

Hoc est enim corpus meum

Cuando se sirva la última cena,
usaré cubiertos de plata
para separar la piel de mis cadáveres.

Se amotinarán las arterias,
rebeladas,
perforando la carne,
exigiéndole un poco más de frío al alba.

Me serviré la saliva de todas las palabras
en una copa de piedra,

negra,

como de pizarra.

Y no diré más

y no diré nada.

Cuando se sirva la última cena,
la tierra estará preparada mientras mastico.

Digeriré.

Respiraré.

Me acordaré de mis padres,
de las rodillas sucias de aquella infancia,

de la calle,

del asfalto,

de la bici roja y la mirada blanca.

Me arroparé con los ojos vistos
como de manta.

Cuando se sirva la última cena,

estaré solo,

como los nichos de los fantasmas.


martes, 15 de noviembre de 2016

El inhumante

El torso a tierra,
desnudo,
para desenterrar a bocados
cada uno de los monstruos
y mirarlos, 
puros y brillantes,

fríos

como armaduras,
como la sangre 
en los colmillos del lobo…

observándote…

allí…


desde sus relicarios de barro.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Tregua

El héroe regresa, 
cabizbajo y malherido,
a su embalaje original.

Los hijos de la bestia
concluyeron su trabajo.

No habrá paz
sin grietas en el mármol.

La piedra supura guerra,
pero ahora

necesita


descansar.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Habitáculo

El insomne siempre encuentra su lamento,
la coartada en el silencio,
en la noche.

¡Qué oscuro vómito de arcanos!
¿Quién se atreve a clavarle las manos?
¿Quién empuña esa náusea 
de la punta de la hoja en el costado?

El insomne reza siempre arrodillado en el parquet,
con el pecho en su enrejado y un ladrón a cada lado,
siete velas
y la ausencia pertinaz de Magdalenas.

Solitario mártir de la vida y las cadenas,
tomando al asalto el alcohol 
que se escarcha en la nevera.

El camino
no transita las aceras ni se desnuda 
con la yema de los dedos de cualquiera…

es un fantasma,

como el calor,

como las sábanas.

El insomne 
es tan viejo como el tiempo,
como el grano de la arena del reloj
de cada maldito momento,
siempre encuentra su lamento,
su cuarto de registro en la aduana

y nadie,

jamás,


lo sabrá por la mañana.

sábado, 29 de octubre de 2016

Campesinado

Mi abuela, poco antes de morir, reclinada en el colchón, con las venas del brazo retraídas y una vía cogida en el dorso de la mano para mantenerla entera, un ser minúsculo en la inmensidad de luz de los pasillos, de la monstruosa cama blanca, mi abuela, digo, se quejaba de que el hospital estaba lleno de campesinos. Se refería a los médicos, a los enfermeros, a todo aquel que no fuera capaz de pincharle a la primera y hurgara con su aguja en ese cuerpo vivido y a dos días de la rendición. 

Ella que conoció el campo de posguerra, con tierra de posguerra, que arrastraba un carro entre el barro de las calles de aquel pueblo de mierda, de niña, porque, hijo, algo había que hacer, que nunca levantó la voz, que rezaba por todos los que no lo hacíamos, ella, digo, se permitió el lujo de la protesta antes del abismo.

Ella, 

mi abuela, 

digo,


se lo merecía.

viernes, 28 de octubre de 2016

Mala noche

Cuando claudica la luz
y entrega la llave de la ciudadela,
los heraldos de la soledad se reúnen en el techo,

con dedos de araña,

las ocho patas naciendo del pecho.

La noche digiere en su barriga
la senda lineal del tiempo.

Floto en la sombra,
ingrávido cada miembro.

Cuando claudica la luz,
se me llena la boca de insectos,
me sacan la tierra 
cargada en sus diminutos cuerpos.

Se esmeran en mi vacío,
tronco estirado y recto, 
tronco bajo las sábanas,
tronco hueco de árbol hueco.

Como de raíz
se me tronzan algunos huesos.

Cuando claudica la luz,
los heraldos se reúnen en el techo,
me hablan con voz pausada,

me hablan todo

y yo asiento.



domingo, 25 de septiembre de 2016

Retiro

Acunada la garganta por los violines del tango, 
desistiremos por un rato de la furia.

Apoyaremos la espalda,
los dientes y el fango
en el cojín espeso de la rendición.
Cambiaremos las plumas y el gallo
por el exilio y la tinta,
la trinchera impaciente,
la bayoneta,
por una mano que tiembla y que pinta,
que sangra de letargo y estigmas, 
de muerte,
de miedo, 

de líneas.

Acunada la huida por los violines del tango,
desistiremos por un rato de la lluvia.

Tendremos un techo,
una alfombra,
una habitación con tablero
de casillas rectas y blancas 
como la sombra.

Morirá el rey 
a los pies de los caballos,
escupiremos la corona sólo por un rato
y mañana al frente,
al frente bien armados,
no vaya a ser que el pelotón 
dude algún día 
que el desertor


sigue siendo un mal soldado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Epicteto

“No eres más que una pobre alma,
que arrastra un cadáver.”

Lo dijo Epicteto.

Lo medita en sus Meditaciones
Marco Aurelio.

Página cuarenta y siete.

Taurus.

Segunda edición.

Año dos mil quince.

Seis euros con noventa y nueve céntimos.

“Blood on the tracks” duele
desde uno de esos discos de La Metralleta
que traduce los títulos en la contraportada.

Año mil novecientos setenta y cinco.

Doce euros.

Cerveza.

Tabaco.

Y una vela.

“No eres más que una pobre alma,
que arrastra un cadáver.”

Abro la ventana.

Este salón
apesta a mausoleo.


sábado, 3 de septiembre de 2016

Contemplación

Soy un extraño en la casa de mi hermano,
soy una presencia etérea pagando el pan.
Mi mano de ectoplasma, aparentemente sólido,
transporta la ropa del trabajo a la lavadora.

Soy multidimensional,
el tiempo no me afecta
pero mi estructura se resiente,
sólo es acero y hormigón,

cimientos,

ladrillo.

Soy un extraño en la casa de mi hermano,
sentado en sus bordillos,
fumando su tabaco.

Soy la digestión del cuerpo que me encierra,
hasta que llegue a la cama,
hasta la tierra.


martes, 30 de agosto de 2016

Anteo

Era la tierra la que lo alimentaba,
como a un Anteo deshuesado.

Lo erigía de nuevo sobre sus pies,
otra vez carne firme,
pétrea,
ligeramente gris,
con incrustaciones de cobalto.

Era la tierra la que lo alimentaba.

Eso me dijo,
con la espalda en aquel coche,
con aquel cigarro.

Por eso,
me dijo,
siempre había temido el acero 


de los aviones.

Pasó

Nos sentamos en medio del camino,
el de los fantasmas,
el de las bestias.

Esperamos los aullidos del lobo,
pacientes,
en posición de loto,
esponjas de todo lo que fuera noche,

del bosque,

del insecto,

del gusano,

del monte.

Era madrugada 
y una aldea 
y una Asturias.


Y la muerte pasó de largo.

Histología

Acércate.

Tanto que empieces a dividirme,
tanto
que seas espectadora de mis células.

Soy un conjunto de seres,
una colmena.

Soy multirracial.

Cutáneo.

Óseo.

Muscular.

Acércate.

Observa.

Ellas no me conocen,
sus proteicas mentes me ignoran,
las instrucciones son claras,

son

un ejército sin tara.

No te marches.

Mírame.

He puesto al Cerbero en retirada,
ya no muerde,
ya no ladra.

Desciende.

Acaudillo sus minúsculas almas 
y dicen que son yo.

Acércate.

Tanto que empieces a dividirme
y, sobre todo,

sobre todo no te vayas.


jueves, 25 de agosto de 2016

esperad

y el caos se hizo mente
y, adentro,
la roca polvo.

la arena
que me cubrirá
se mueve a paladas de niño tardío
y afuera el mundo,

rotacional,

taciturno.

y la noche con su verga universal
para joderme la vía de escape.

menudo maldito disparate.

pero no,
no dejaré de ser yo,
me alargaré en el tiempo
como los dedos del pianista.

sacadme
del primer lugar de la lista de desaparecidos,

esperad.

jamás
os beberéis mi sangre.

regresan las autopistas,
los nudillos de los puños camorristas.

regresa al fin.


regresa el hambre.

gritos

oigo un cuervo
y unas extrañas palpitaciones en el asfalto
mientras duermo.

las páginas en blanco 
gritan tan alto
y los oídos
supuran,
negro y viscoso,
ese descastado, 
bastardo, 
vacío.

y es denso.

y es mío.
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