miércoles, 16 de noviembre de 2016

Hoc est enim corpus meum

Cuando se sirva la última cena,
usaré cubiertos de plata
para separar la piel de mis cadáveres.

Se amotinarán las arterias,
rebeladas,
perforando la carne,
exigiéndole un poco más de frío al alba.

Me serviré la saliva de todas las palabras
en una copa de piedra,

negra,

como de pizarra.

Y no diré más

y no diré nada.

Cuando se sirva la última cena,
la tierra estará preparada mientras mastico.

Digeriré.

Respiraré.

Me acordaré de mis padres,
de las rodillas sucias de aquella infancia,

de la calle,

del asfalto,

de la bici roja y la mirada blanca.

Me arroparé con los ojos vistos
como de manta.

Cuando se sirva la última cena,

estaré solo,

como los nichos de los fantasmas.


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