Voy a tratar de explicarlo...
Imagina un perro
destripando bolsas de pronombres en el estercolero,
o un cadáver de litrona
con restos de baba y suero
apestando a inmóvil y a rancio
junto a la fregona.
Una hoja de ruta,
un valiente hijo de puta...
No,
no es sólo eso.
Es la tecla que nunca escribe a la primera,
que necesita presión,
es la línea discontinua
que abre la puerta
al lado opuesto de la carretera,
o una jodida infección.
Un ganglio tumefacto de recuerdos
que tendrían que estar muertos
pero convulsionan...
Llamad al maldito doctor,
para que extirpe
este apéndice inútil de los relojes,
este...
proyecto de antropófago mental
que transforma la basura
en un préstamo de mierda con usura,
en una subespecie
de orgasmo vaginal.
Y lo escupe,
lo supura,
lo cincela
en cada nueva sepultura
de lo que pueda pasar.
En fin...
que son ya las doce y pico,
diciembre huele a fiambre,
me largo a saciar el hambre
y ni siquiera...
ni siquiera sé si me explico.
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