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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Autorretrato con abstracción

Voy a tratar de explicarlo...

Imagina un perro 
destripando bolsas de pronombres en el estercolero,
o un cadáver de litrona
con restos de baba y suero 
apestando a inmóvil y a rancio
junto a la fregona.

Una hoja de ruta,
un valiente hijo de puta...

No,

no es sólo eso.

Es la tecla que nunca escribe a la primera,
que necesita presión, 
es la línea discontinua 
que abre la puerta 
al lado opuesto de la carretera,

o una jodida infección.

Un ganglio tumefacto de recuerdos
que tendrían que estar muertos

pero convulsionan...

Llamad al maldito doctor,
para que extirpe 
este apéndice inútil de los relojes,

este...

proyecto de antropófago mental
que transforma la basura
en un préstamo de mierda con usura,
en una subespecie 
de orgasmo vaginal.

Y lo escupe,

lo supura,

lo cincela

en cada nueva sepultura 
de lo que pueda pasar.

En fin...

que son ya las doce y pico,
diciembre huele a fiambre,
me largo a saciar el hambre

y ni siquiera...

ni siquiera sé si me explico.




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