desde su potencial barriga lórzica,
pornolingüística,
alejado del misticismo a diario,
aquejado de dolor
desde el ascazgo literario,
se permite proclamar,
pontificando,
dos puntos,
queridas nínfulas probeta,
osáis en mil sueños dar cobijo,
como dueños del esperma
que engendrará vuestros hijos
a unos cuantos poetas,
eso sí,
enormemente prolijos,
que confunden miel y amor,
con la mierda de una abeja.
Podemos acusar al sistema educativo,
pero prometedme, por favor,
que si os los folláis,
usaréis preservativo.
No añadáis más sinsabor
a este mundo triste y comediante,
pariendo retoños de impostor
por lanzaros coño alante.
Quizá,
si olvidaseis la pereza
y os diese por pensar,
calzaríais una mesa
con el pringoso volumen,
del que os hago un raudo y veloz resumen,
dos puntos,
"Te quiero con esmero,
te cohabito despacito,
soy tan tan libertario
que ni tengo diccionario."
Y así,
Luis Larraya,
desde su inmunda cloaca de libros por leer,
su baño para las ratas
si es menester,
se despide con una reverencia,
ante la ausente y hormonada concurrencia
y se da por satisfecho
ante este vómito maltrecho
y alejado, desde luego, de la utópica excelencia.
¡Bon appétit!
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