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martes, 24 de noviembre de 2015

Fosa común

Aranjuez es una ciudad de tejados viejos,
de frío 
hasta en el alma de los huesos
y también es mía...

o viceversa,

no lo sé,

esta tarde me he olvidado el euro del café.

Y además,
es la línea de salida para todas las huidas,
es un nicho de alquiler,
el maldito alambre de espino en la cumbre de la valla 
que se ríe mis retos al destino y es
la cloaca en ruinas
donde esconden las propinas los sicarios del pasado,
ese,
el que durante un rato,
entre cerveza y ascensor,
te sentaste a hilar, alguna vez, casi a mi lado.

Y hace frío, 
coño...

Y el suelo se me ha llenado de cristales rotos,
de escoria
esparcida por los gatos que me hurgan la basura, 
que me roban los zapatos de la jodida memoria.

Aranjuez es una ciudad sin azoteas
y yo un puto Calixto despreciando Melibeas,
un ventrículo capado,
odiante crónico del mundo en vano,
del tacto a marzo de la palma de tu mano,
un profeta del fracaso,

un surco,

una línea,

una frontera,

un amante ocasional de vomitonas
para aliviar a restos de barriga
la maldita borrachera.

Aranjuez es una fosa común
cuando salgo del trabajo

y de vez cuando es invierno

y es la niebla.







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