Hay kilómetros de asfalto,
y la pantalla llena de espartanos,
y la mesa de latas de Mahou,
y calor,
un jodido calor de mayo que me ha pedido quedarse,
¿por qué no?
Y no sé cuántas esquinas,
y una silla con ruedas de oficina
que no me cabe por la ventana,
y también,
desde luego,
hay un puñado de ganas.
Y Bukowski removiendo la marmita,
chef de cueva,
viejo cabrón que cocina con receta,
sólo una...
"deja
que
te
mate".
Y yo...
¡qué coño!
yo dejando que me mates,
abrevando pasados,
abreviando cigarros,
abriendo canales de cine censurados
en ciudades sin alma,
sin calma,
cerrando
la boca,
desenvainando dedos de su vaina de letargo,
de sus calzoncillos largos
para el invierno,
para el infierno
del parquet sin bragas,
de esta manera
de la madera
sin ti.



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